El equipo de Trump defiende sin tapujos un mundo “gobernado por la fuerza”, en el que la superpotencia mueve o viola fronteras como las de Venezuela y Groenlandia. Es el fin del orden mundial construido para que no se repita la II Guerra Mundial
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Tal y como ha comenzado, 2026 no pinta bien. No al menos para la estabilidad mundial, ni para el derecho internacional, por mucho que los mercados sigan de fiesta. Me permito empezar con dos citas, separadas en cerca de un siglo, por si alguien adivina quiénes y en qué contexto las han formulado:
“Vivimos en un mundo en el que podemos hablar todo lo que uno quiera sobre sutilezas internacionales y demás, pero vivimos en un mundo, el mundo real, que está gobernado por la fuerza, gobernado por la dureza, gobernado por el poder. (...) Estas son las férreas reglas del mundo desde el principio de los tiempos”.
“Las fronteras de los Estados las crean los hombres y son ellos mismos los que las modifican. El hecho de que un pueblo logre apropiarse de una extensión territorial excesiva no significa adquirir un derecho de posesión perpetua. A lo sumo, pone en evidencia la fuerza de los conquistadores y la impotencia de los conquistados. Y solo en esta fuerza reside el derecho de posesión (...). No será por concesión graciosa que nuestro pueblo obtenga en el futuro el espacio vital, y con él la seguridad de su subsistencia. Será únicamente por obra de una espada victoriosa”.














