El ataque de Estados Unidos a Venezuela confirma el gran cambio que se está produciendo en el orden internacional: nos adentramos en un mundo caracterizado por la emergencia de grandes espacios imperiales. Y esto afecta directamente al continente americano, a Groenlandia, a Europa, a Taiwán e incluso al futuro de internet

No es que el mundo haya caído en el caos, sino que ha entrado en una nueva era, de imperios que imponen su orden, o sus órdenes, normalmente extractivas, aunque no nos gusten. El filósofo Alexandre Kojève y el politólogo Francis Fukuyama consideraron, siguiendo a Hegel, que la universalización del Estado nación (liberal) marcaría el “fin de la historia” y el fin de las batallas ideológicas. Pero el análisis que a mediados del siglo pasado hizo

2022-01-08/carl-schmitt-el-genio-nazi-de-la-ciencia-politica.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/babelia/2022-01-08/carl-schmitt-el-genio-nazi-de-la-ciencia-politica.html" data-link-track-dtm="">Carl Schmitt anticipó el surgimiento de grandes espacios imperiales, como los que empiezan a componer el nuevo orden mundial en el que entramos.

Entonces el pensador alemán —que había apoyado al nazismo— se basó en la dicotomía tierra-mar. Estos espacios siguen siendo básicos —ahí están las acciones en Ucrania o Venezuela, entre otras—. Pero Schmitt no previó, no pudo prever, que estos imperios tendrían, con el desarrollo de nuevos dominios, además de la aérea, otras nuevas dimensiones, como la espacial, la subacuática, el ciberespacio e incluso la extraterrestre. Estos imperios, y las empresas en las que se apoyan (¿o es al revés?), quieren dominar en estos espacios, reconociendo algunos de los intereses de las otras potencias imperiales, si bien cambiando algunas reglas.