Algunos países tratan de restaurar el modelo colonialista, pero el modelo surgido tras la Segunda Guerra Mundial sigue vivo
Desde que Donald Trump ocupó la presidencia de Estados Unidos por segunda vez y empezó a actuar de manera amenazante, caprichosa e impredecible, se ha impuesto en analistas y medios el mantra de que el llamado “orden mundial” está irremediablemente roto. Discrepo de esta visión de la realidad internacional. Trump no es tan fuerte, ni el ordenamiento int...
ernacional tan débil como para profetizar una sentencia de muerte.
Se dice que el Estado nación moderno nació con el Tratado de Westfalia (1648), que puso fin a la guerra de los Treinta Años y a la guerra de los Ochenta Años. Desde entonces la forma política básica del planeta ha sido el Estado soberano.
Cuando terminó la II Guerra Mundial, que empezó siendo una guerra europea —la segunda en medio siglo— el orden mundial se constituyó mayoritariamente de modo opuesto a la fisonomía que habían tenido los Estados perdedores. Frente a la dictadura fascista triunfó la democracia como forma de gobierno legítimo. Frente a la ley del más fuerte —proclamada por los nazis— se impuso la defensa de la independencia de los Estados. Y frente a la tortura y la violencia practicadas por los gobiernos de los países del Eje, se afirmaron los derechos humanos como valores supremos e invulnerables.






