Trump señaló sus dos objetivos próximos: Colombia y Groenlandia. Pero es más fácil invadir un territorio enorme y casi desierto que un país tropical complicadísimo
Por inútil que sea fijarse en las palabras —en su caótica y contradictoria explosión cotidiana más vale mirar los hechos— me atrevo a detenerme un momento en la semejanza casi calcada entre lo expresado por el consejero de seguridad de Trump, Stephen Miller, y Calicles, el personaje de Platón que, en el Gorgias, defiende el argumento de que “si se consulta a la naturaleza, lo justo consiste en que el más poderoso ti...
ene derecho a apoderarse de lo que pertenece al más débil”. En diálogo con CNN esta semana, Miller declaraba lo mismo: “Vivimos en un mundo en el que tú puedes decir todas las bellezas internacionales que quieras, pero también vivimos en el mundo real, que es gobernado por la fuerza, que es gobernado por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.
En ese mundo real, según Miller, Trump puede apoderarse de todas las riquezas de Venezuela, Colombia o Groenlandia, no porque así lo digan las leyes o la justicia, sino porque es el más fuerte. Platón, siempre opuesto a la tiranía, le contestaba a Calicles, por boca de Sócrates, que es peor cometer una injusticia que padecerla, y que el más malo de los hombres (y el más tiránico), a la postre, será también el más desgraciado. Este resultado final, por el momento, se lo podemos aplicar al tirano Maduro, recién caído en desgracia, pero no es imposible que un día lo veamos también en las personalidades más tiránicas del mundo de hoy, Kim, Putin, Netanyahu o Trump. Pero dejemos de lado las palabras del ideólogo actual y del filósofo antiguo y vengamos a los hechos.










