Desde la operación militar en Venezuela, el presidente estadounidense ha desencadenado su retórica para hacerse con la isla semiautónoma del Reino de Dinamarca

Un Donald Trump más envalentonado que nunca, y con intenciones abiertamente más imperialistas de lo admitido antes, partirá este miércoles hacia el Foro de Davos para reunirse con los líderes atlánticos, en una cumbre que se perfila como clave para el futuro no solo de Groenlandia, sino de toda la OTAN. El republicano, cuyo vuelo se ha retrasado por un problema eléctrico en su avión Air Force One, no parece dispuesto a contemporizar ni a ceder en sus ambiciones de anexionarse la isla ártica, territorio soberano del Reino de Dinamarca. Tampoco a sus aspiraciones de convertirse en el árbitro mundial.

“No hay vuelta atrás”, había advertido antes del primer despegue frustrado. Y, en su rueda de prensa para conmemorar el primer aniversario de su mandato, antes de emprender vuelo, respondía “ya lo veréis” cuando se le preguntaba hasta dónde estaba dispuesto a llegar para hacerse con Groenlandia.

El presidente estadounidense se muestra estos días más desinhibido que nunca sobre sus aspiraciones globales. Y cada vez de manera más sonora. O más petulante, según quién opine. “Paz mediante la fuerza”, proclama, haciendo suyo el lema que definió la política exterior del republicano Ronald Reagan en los años ochenta.