El republicano ha reiterado sus amenazas de hacerse con la isla, cuyos recursos naturales y ubicación estratégica la convierten en el posible próximo objetivo estadounidense, tras el ataque a Venezuela
Donald Trump tiene una obsesión por Groenlandia. El presidente de Estados Unidos lo ha dejado claro una y otra vez, inicialmente durante su primer mandato, también cuando iba camino de empezar su segundo, y en numerosas ocasiones desde que volvió a la Casa Blanca. Y la semana pasada, de nuevo, cuando
-de-fantasias-sobre-la-anexion.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-01-05/el-lider-de-groenlandia-a-trump-ya-basta-de-fantasias-sobre-la-anexion.html" data-link-track-dtm="">insistió el domingo en sus amenazas de anexionarse la isla, un estratégico territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, tras el ataque que ordenó contra Venezuela y la captura del líder chavista, Nicolás Maduro.
“Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional”, lanzó el mandatario desde su avión presidencial, el Air Force One, rumbo a Washington. Los groenlandeses, daneses, e incluso los europeos, se toman cada vez más en serio las advertencias de Trump.
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, y su homóloga danesa, Mette Frederiksen, se mantienen firmes: no permitirán que EE UU se anexione Groenlandia. Esperan que les respalde la Unión Europea, pero la respuesta tímida —y tardía— de los Veintisiete (a la que no se sumó Hungría) a lo sucedido en el país latinoamericano genera dudas sobre hasta dónde estarán dispuestos a llegar a la hora de desafiar a Trump.















