Siete comparecencias de ministros en tres días deberían haber dado para despejar con claridad, después de casi un mes, las principales incógnitas y responsabilidades que rodean a la entrada masiva de migrantes de forma irregular en Ceuta. Pero tras escuchar y debatir durante casi 23 horas en conjunto, los socios parlamentarios del Ejecutivo abandonaban el Congreso el viernes con mal sabor de boca.

No les ha convencido la versión de que el CNI no avisó a Interior ni a la Delegación del Gobierno en Ceuta, que Moncloa ha intentado oficializar, dejando sola a la titular de Defensa y alineando el discurso de varios ministros.

Tampoco les "cuela" la exculpación absoluta de Marruecos, asumida especialmente por los ministros de Presidencia, Félix Bolaños; Exteriores, José Manuel Albares; e Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la culpa exclusiva de los bulos y las redes sociales. Al contrario, esa defensa de la dictadura alauí ha sido tan cerrada que, en lugar de generar confianza, ha multiplicado los recelos.

¿Qué es lo que han aclarado entonces las comparecencias? Que la estrategia de relato de Moncloa se basa en tres ejes. El primero, intentar neutralizar las acusaciones de que el Gobierno actuó con negligencia al no tomar medidas para evitar la entrada masiva. El segundo, sacar a toda costa a Marruecos de cualquier implicación o señalamiento. El tercero, culpar a los bulos y a la ultraderecha.