El eclipse solar ya ha pasado, pero el riesgo para la salud visual de quienes lo siguieron sigue muy presente. Quienes miraron directamente al Sol sin la debida protección o bajaron la guardia antes de tiempo podrían enfrentarse en las próximas horas a lesiones oculares de gravedad. Desde el Colegio Oficial de Ópticos y Optometristas de Cataluña (COOOC), su presidente, Joaquim Grau Inglada, alertó horas antes de tener lugar el fenómeno que mirar al astro rey sin filtros adecuados puede provocar quemaduras irreversibles en la retina. El principal peligro de esta exposición radica en que se trata de una lesión silenciosa. El ojo humano actúa como una lente con una capacidad óptica seis veces mayor que la de una lupa común, concentrando toda la energía solar directamente sobre la retina. Sin embargo, al carecer esta estructura de receptores de dolor, no se perciben molestias inmediatas, lo que genera una falsa sensación de seguridad durante la observación. Como ocurre con las quemaduras solares en la piel tras un día de playa, los daños no dan la cara hasta pasadas unas horas. Los especialistas instan a vigilar de cerca la aparición de señales de alarma a lo largo de la jornada. Entre los síntomas más habituales de una lesión retiniana se encuentran la visión borrosa, la presencia de una mancha central fija en el campo visual, la alteración en la percepción de los colores o la visión de líneas torcidas. Ante cualquiera de estos indicios, de deber acudir de inmediato a una óptica o centro especializado para evaluar el alcance del daño y evitar que la quemadura se vuelva irreversible. TE PUEDE INTERESAR Las imprudencias cometidas durante la jornada de ayer suelen responder a dos factores principales: el uso de métodos caseros o un exceso de confianza en el momento cumbre del fenómeno. Los ópticos habían alertado de que ni las gafas de sol convencionales ni los inventos domésticos —como cristales ahumados, radiografías, CD, filtros superpuestos o usar dos gafas de sol a la vez— ofrecían protección alguna frente a la radiación solar. Incluso entre quienes contaban con gafas homologadas bajo la normativa ISO 12312-2, el riesgo de haber sufrido una exposición dañina se multiplica si no se utilizaron de forma continua. El momento de máxima ocultación suele generar un exceso de confianza que lleva a retirarse la protección antes de tiempo. Sin embargo, no siempre es fácil precisar cuándo el Sol empieza a reaparecer, momento en que la radiación vuelve a incidir con plena intensidad sobre el ojo descubierto. Esta falta de precaución resulta especialmente crítica en el caso de los niños, más propensos al despiste o a jugar con las gafas durante la observación. Asimismo, el uso de gafas adquiridas por canales de venta no autorizados en Internet también planteó dudas las jornadas previas al eclipse, ya que solo los establecimientos sanitarios de óptica garantizaban la certificación oficial del producto. El eclipse solar ya ha pasado, pero el riesgo para la salud visual de quienes lo siguieron sigue muy presente. Quienes miraron directamente al Sol sin la debida protección o bajaron la guardia antes de tiempo podrían enfrentarse en las próximas horas a lesiones oculares de gravedad. Desde el Colegio Oficial de Ópticos y Optometristas de Cataluña (COOOC), su presidente, Joaquim Grau Inglada, alertó horas antes de tener lugar el fenómeno que mirar al astro rey sin filtros adecuados puede provocar quemaduras irreversibles en la retina.