A pocos metros de la playa que cada verano atrae a cientos de personas para contemplar la puesta de sol, tres jóvenes ibicencas la observan con otros ojos. Verónica, que vive en Madrid, asegura que cada temporada siente un poco menos la isla como propia: “Está demasiado masificada, no se puede salir a ningún sitio”. Una sensación que, dice, se ha acelerado en los últimos cinco años, especialmente desde la pandemia, y que resume el dilema al que se enfrenta Eivissa el próximo 12 de agosto: un eclipse solar total que llevará a miles de personas a las calas y a los espacios naturales de una isla que afronta uno de sus momentos de mayor presión turística.

Platges de Comte, ubicada en el término municipal de Sant Josep de sa Talaia y uno de los lugares preferidos de los turistas para contemplar cada tarde la puesta de sol, se perfila como uno de los principales escenarios para contemplar el fenómeno astronómico. A lo largo de unos 800 metros de costa, la arena se alterna con rocas y pequeñas entradas al mar que fragmentan el litoral y forman rincones de aguas especialmente transparentes, lo que convierte la zona en un lugar habitual para la práctica del snorkel. Este conjunto de playas se encuentra, además, delimitado por una lengua de roca que separa unas calas de otras. A su alrededor emergen los islotes de Sa Conillera, Illa des Bosc, S'Espartar y Ses Bledes, integrantes de las Reservas Naturales de Es Vedrà y Es Vedranell y de los islotes de Ponent así como de la Red Natura 2000.