Son pasadas las siete de la tarde en el Parque Natural de Ses Salines. El calor es abrasador: la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) mantiene la alerta amarilla por temperaturas extremas elevadas. Algunos usuarios toman el sol; otros se resguardan bajo las sombrillas que han traído desde sus apartamentos u hoteles. Grupos de amigos juegan a cartas, parejas charlan frente al mar, mientras otros prefieren unirse a los bañistas para sobrellevar mejor los treinta grados que marca el termómetro, con sensación térmica algo superior debido a la humedad. Otros se dirigen hacia los beach clubs de playa cuando todavía queda algo más de una hora para disfrutar de la puesta de sol.

Uno de los puntos de masificación del parque natural es Sa Trinxa, más conocida como playa de Ses Salines, la más famosa del espacio protegido. Se estima que cada día de verano acceden al parque más de 15.000 visitantes, así como unos 6.500 vehículos diarios, en una isla con 164.265 personas censadas. A partir de la segunda semana de julio empieza la temporada alta en Eivissa y Formentera, lo que implica alta afluencia de turistas en prácticamente todos los rincones de las islas, excepto en los más recónditos. Este es el segundo verano en que la mayor de las Pitiüses aplica la limitación de entrada de vehículos. No obstante, a estas alturas de julio la saturación de motos y coches continúa siendo un reto a resolver para las instituciones.