A no ser que Hércules lo arregle por el procedimiento de desgajarlas de África y adosarlas a las costas andaluzas, Ceuta y Melilla van a seguir siendo problemáticas. Marruecos no va a renunciar a reclamar, aunque sea retóricamente, la soberanía de las dos ciudades, y su condición de frontera entre dos mundos socioeconómicamente muy desiguales va a seguir haciendo que millones de africanos las vean como una valla a saltar por cualquier método.
No veo ninguna fórmula mágica que pueda solucionar una y otra cuestión. Descarto, por supuesto, la cruzada contra el moro deseada por los ultras españoles, eso ya lo practicaron Isabel II y Alfonso XIII y fue un colosal desastre. Así que, ya se lo adelanto a ustedes, amigos lectores, no veo otra salida que la conllevancia, ese soportar con inteligencia y paciencia una situación tan penosa como irremediable que Ortega y Gasset proponía para el asunto catalán.














