Las imágenes de miles de marroquíes -niños, mujeres y jóvenes- avanzando con el rostro consumido por la desesperación hacia el espigón de Tarajal permanecerán como una de las estampas más dolorosas de la historia reciente de Marruecos. Una vergüenza colectiva que perseguirá a los marroquíes durante generaciones. Se trata de un nuevo surco abierto sobre heridas que nunca terminaron de restañar. Esta última crisis migratoria dejó de ser un asunto interno para ocupar las portadas de la prensa internacional, los informativos de televisión y las redes sociales de medio mundo.
Será imposible borrar de la memoria colectiva los centenares de vídeos que inmortalizaron aquella odisea desesperada de ciudadanos de a pie hacia un edén ficticio anhelando un brote de esperanza que ya no encontraban en su tierra.













