Sesenta mil personas cruzaron la frontera de Ceuta en cuestión de horas y la política española volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: pelearse por el relato antes de resolver el problema. Con al menos 80 muertos y casi 50.000 devoluciones a Marruecos en el momento más agudo de la crisis, la pregunta que nadie termina de responder con pruebas es la misma de siempre: ¿fue una decisión deliberada de Rabat o un desborde que nadie controló?
La hipótesis que circula con fuerza conecta el salto masivo con el reciente viaje de Pedro Sánchez a Argelia, donde se acordó una cumbre bilateral que incluye gas, seguridad y migración. Marruecos, rival histórico de Argel por el conflicto del Sáhara Occidental, quedó fuera de esa foto. Y en la memoria reciente de la diplomacia española ya existe un precedente casi calcado: en 2021, después de que Madrid recibiera por motivos humanitarios al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, Marruecos relajó los controles fronterizos y en 48 horas cruzaron cerca de 10.000 personas.
Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores que conduce José Manuel Albares salió a desmentir cualquier vínculo entre el acercamiento a Argelia y la avalancha migratoria, insistiendo en que la relación con Rabat "es excelente". Y ahí aparece la primera gran contradicción del relato conspirativo que circula en redes: si Marruecos buscara castigar a España, lo estaría haciendo contra el gobierno que más lo benefició en la última década.














