De lo que ha sucedido en Ceuta yo destacaría tres cosas. Lo primero, que 50.000 marroquíes han entrado allí como Pedro por su casa. Ha quedado demostrada la vulnerabilidad de la frontera, al otro lado de la cual está un país que reclama Ceuta como parte de su territorio. Los habitantes de la ciudad se han visto sometidos a una situación intolerable. Es normal que el Rey se haya mostrado indignado. Segundo, que esa entrada masiva hubiera sido imposible sin la connivencia de Marruecos. Sus autoridades no han puesto ningún obstáculo para que miles de personas crucen una frontera que pueden controlar perfectamente cuando quieren. Tercero, en esta crisis el Gobierno español ha recibido muy pocos apoyos. Ni de los demás partidos políticos españoles, ni de sus socios europeos. Para no hablar de las críticas de Estados Unidos o de Israel. TE PUEDE INTERESAR Opinión Todo esto ha creado una situación muy seria para nuestro país, que exige políticas eficaces para darle solución. La respuesta a la primera cuestión debe ser reforzar la frontera. El Estado está obligado a defender las fronteras nacionales. Hay que dejar claro que estamos decididos a que esto no vuelva a pasar, a no volver a dar nunca más esta imagen de fragilidad. Colocar 500 metros de flotadores marcando la frontera marítima es mejor que no hacer nada, pero no es suficiente. Habría que crear una barrera más sólida: infraestructuras físicas, medios materiales, humanos y tecnológicos, como ha pedido el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas. Algo similar habría que hacer en Melilla. Lo que haga falta para convencer de que nunca lo lograrían a quienes pudieran pensar en volver a intentarlo. Desplegar también los medios de inteligencia necesarios para evitar que algo así pueda volver a cogernos por sorpresa. Desarrollar planes especiales de apoyo a ambas ciudades, que han sido repetidamente anunciados pero que no se han aplicado. Tenemos que dejar claro a todo el mundo que hemos aprendido la lección de este desastre, y que no permitiremos que se repita. TE PUEDE INTERESAR Opinión Pasando a lo segundo, hay que preguntarse por qué Marruecos ha permitido esto. La imagen que ha dado no es demasiado buena, con miles de jóvenes abandonando alegremente el país al grito de ¡Viva España!, y dejando por el camino unos noventa cadáveres de personas ahogadas. Como ha señalado Ignacio Cembrero en estas mismas páginas, Rabat podría haberlo permitido para dar a entender que Ceuta es indefendible, lo que le conviene en su objetivo de reivindicar la soberanía sobre la misma. Si una invasión pacífica puede desarbolar la ciudad, qué sucedería si la presión se realizara utilizando otros medios. La respuesta en este caso tiene que ser reforzar nuestra capacidad de disuasión frente a Marruecos. La política de apaciguamiento tiene un recorrido limitado. Soluciona un problema ahora y crea otros peores más adelante. Es comprensible que el Gobierno alabara la colaboración con Rabat en materia fronteriza, a fin de lograr su colaboración para que regresaran quienes invadieron la ciudad. De hecho, esa salida rápida se logró, y es la única buena noticia que han traído estos días. Pero la realidad demuestra claramente que esa colaboración no es ejemplar. Es de esperar que, por los canales adecuados, el Gobierno haya pasado a Marruecos el mensaje de que lo sucedido es intolerable y que no puede repetirse. De modo que ahora es esencial aumentar nuestra capacidad de disuasión frente a Rabat. España tiene interés en tener la mejor relación con Marruecos. Somos vecinos y compartimos muchas cosas. Pero si Marruecos está dispuesto a someter a España a situaciones como la de Ceuta, porque piensa que eso le interesa en el marco de su reivindicación territorial, habrá que dejar claro que eso no puede quedar sin respuesta. Hay muchas maneras en las que España puede tomar decisiones que afectarían gravemente a los intereses marroquíes. Decisiones sobre movilidad y tránsito de personas. También sobre las mercancías y en materia económica, en un momento en que Marruecos ha incrementado notablemente sus exportaciones a España y a Europa. Hay países como China que están haciendo grandes inversiones en Marruecos para desde allí poder exportar a Europa. Son inversiones fundamentales para el desarrollo del país, y podrían verse dificultadas si esas exportaciones se complicaran. España puede también modificar su política sobre Marruecos en la UE, donde hasta ahora ha sido un enorme apoyo para Rabat. Es evidente que entrar en una dinámica de hacernos daño mutuamente no nos interesa, porque nos perjudica a los dos. Pero España no puede permitir que Marruecos lo haga y ello no tenga respuesta. TE PUEDE INTERESAR Opinión Podría ser el momento de considerar una visita del Rey a Ceuta y Melilla. A Marruecos desde luego no le gustaría nada. Pero cuando se produjo la otra invasión de Ceuta en 2021, tras la llegada a un hospital español del líder polisario Brahim Gali, la embajadora marroquí en España declaró que hay decisiones que tienen un precio. Una frase que habría que recordar ahora, después de lo que ha pasado en Ceuta El aumento de nuestra capacidad de disuasión frente a Marruecos debe incluir el ámbito de la defensa. España no puede permitir que se modifique el equilibrio militar en una zona vital como el Estrecho. Marruecos tiene una fuerte relación con los EEUU de Trump y con Israel, y acaba de comprar aviones F-35, más avanzados de los que posee España en este momento. Tenemos que encontrar rápidamente una solución a ese problema. En cuanto a la tercera cuestión, el Gobierno tiene razón al decir que la regularización de inmigrantes ilegales tiene aspectos muy positivos, porque legaliza la situación de quienes ya estaban trabajando en España, les da cobertura social plena y aumenta la recaudación fiscal. También en que lo sucedido en Ceuta nada tiene que ver con Schengen, porque las normas de Schengen no se aplican allí, y ninguno de quienes han entrado en la ciudad ha pasado al continente europeo. Pero los escasos apoyos que ha recibido Madrid en Europa revelan su aislamiento en política migratoria. El Gobierno debe entender que, si toma decisiones sobre inmigración que van en contra de lo que defienden la mayoría de los países europeos, debe realizar un especial esfuerzo de explicación, demostrando a nuestros socios que tomamos en serio sus preocupaciones. TE PUEDE INTERESAR Opinión En todo caso, ante el problema de fondo que subyace a lo que ha sucedido en Ceuta, que es la defensa de territorio español ante amenazas exteriores, España tiene derecho a exigir el apoyo de nuestros socios europeos. También nosotros estamos apoyando con la presencia de nuestras unidades militares a los países del Norte y del Este de Europa que están sometidos a amenazas de otros países. Hay que explicar asimismo nuestra posición a otros actores, incluidos Estados Unidos e Israel. No va a ser fácil. Pero la diplomacia consiste precisamente en mantener los canales de diálogo en momentos de crisis. Otra cosa es el frente interno. La decisión del Gobierno de cambiar la política sobre el Sáhara era probablemente inevitable. Se estaba creando un consenso internacional en ese sentido, y tampoco a España le interesa tener un Estado independiente con poco más de 100.000 habitantes y con muchos kilómetros de costa delante de las islas Canarias. Sería un Estado débil, que podría eventualmente caer bajo la influencia de otro país hostil. Pero España fue la potencia colonizadora, tenemos mucha responsabilidad en lo que ha sucedido en el Sáhara Occidental, y existe en nuestro país un amplio apoyo popular a los saharauis. La decisión que se tomó tenía que haberse explicado mejor, y sobre todo se debería haber intentado consensuar con la oposición. Lo mismo, por cierto, que la regularización de inmigrantes. Pero consensuar decisiones con la oposición no es el punto fuerte de este Gobierno. TE PUEDE INTERESAR Tampoco es que la oposición ayude mucho. El PP se ha negado a alcanzar acuerdos con el Ejecutivo sobre prácticamente cualquier asunto. No parece dispuesto a hacerlo para frenar los terroríficos incendios forestales que acabamos de tener. Acaba de torpedear el Tratado de Amistad y Cooperación con Francia, lo que supone un coste para España con uno de nuestros socios fundamentales. Ahora la cuestión es reforzar la posición de España ante la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla y lograr el apoyo de nuestros socios europeos. Se trata de un interés nacional evidente. La oposición tendrá que decidir si esto es o no más importante que mantener su estrategia de ofensiva sin cuartel contra el Gobierno.
Lo que ha pasado en Ceuta refleja unos problemas de fondo a los que hay que dar solución
Ha quedado demostrada la vulnerabilidad de la frontera, al otro lado de la cual está un país que reclama Ceuta como parte de su territorio. Los habitantes de la ciudad se han visto sometidos a una situación intolerable












