La situación vivida en Ceuta en las últimas 48 horas con cerca de 50.000 personas entrando a través del mar e invadiendo literalmente sus calles, el drama humanitario de en torno a 67 fallecidos y la sensación de inseguridad vivida exige una mirada más justa, comprometida y realista de la Unión Europea a su frontera sur.La magnitud de lo sucedido obliga a tener respuesta a muchas incógnitas surgidas estos días, si era conocido por los servicios de información la concentración de personas en Castillejos, si existían motivos diplomáticos que dificultan la cooperación con el reino alauita o los refuerzos desplazados a la ciudad autónoma. Junto a esto también debemos analizar la actitud de las instituciones europeas, de algunos de sus gobiernos e incluso la falta de generosidad de la oposición durante el conflicto que sin renunciar a su posterior fiscalización se hubiese mostrado como partido de Estado en una crisis migratoria y de seguridad.Europa lleva tiempo olvidando su responsabilidad compartida en la atención de su frontera sur, como lo es también en el resto de los países mediterráneos, especialmente Italia, que según los datos de FRONTEX acumula el doble de entradas irregulares que España o Grecia en los últimos cinco años. Algo de lo que debería tomar nota el gobierno de la señora Meloni antes de su sobreactuación en estas 48 horas. Me es imposible no recordar lo vivido en Lampedusa en la crisis de refugiados sirios durante el 2015 que huían de la muerte y de la guerra y motivaron la petición de solidaridad y ayuda de las instituciones italianas.Deberá aclararse también qué información previa se disponía tras la sentencia del TS y si afectaron algunas decisiones en los últimos meses como la visita a Argelia o la regularización de la población saharaui. En conflictos anteriores siempre se encontraban coincidencias temporales entre desavenencias políticas y crisis en las fronteras de las ciudades autónomas mostrando el equilibrio complicado entre la relaciones diplomáticas con nuestro aliado y la presión migratoria a la que nos encontramos expuestos. Igual que será justo reconocer la rapidez que ha tenido el gobierno a través del ejército y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para revertir la situación y devolver la normalidad a Ceuta.Me cuesta entender la actuación del PP durante la crisis, no las acciones como oposición que pudiera llevar a cabo después. Y me sorprende porque todos los gobiernos de distinto signo político han tenido que afrontar, y seguirán teniendo que hacerlo en el futuro, situaciones complicadas en nuestras fronteras de Ceuta y Melilla. Debió recordar Feijóo lo vivido en 2014 en la tragedia de Tarajal, con 14 fallecidos, causas judiciales sobre los límites en el control migratorio y los derechos humanos, y la diferente actitud de Rubalcaba, como líder de la oposición, con el gobierno de Rajoy.La gran asignatura pendiente sigue siendo la misma: Europa debe responder a la pregunta sobre cuál es su compromiso con la puerta sur del viejo continente. Desgraciadamente son muchas las amenazas y desafíos de diversa índole, actuación de mafias que trafican con drogas y con seres humanos, personas que huyen de la muerte, la guerra o en busca de un futuro que no encuentran en sus países. Y todo ello en un equilibrio difícil con un aliado estratégico en el continente africano donde otras potencias como China llevan tiempo haciendo su tarea. Urge la respuesta.
Ceuta es la frontera sur de Europa
La situación vivida en Ceuta exige una mirada más justa, comprometida y realista de la Unión Europea a su frontera sur.










