Actualizado S�bado,
agosto
17:20La imagen de decenas de miles de personas cruzando desde Marruecos la frontera de Ceuta ha sacudido nuestro pa�s. La seguridad de nuestras fronteras ha quedado en entredicho y cualquier observador se preguntar� c�mo una marea humana puede cruzar con esa facilidad un paso fronterizo que da acceso a un pa�s europeo. Lo cual genera de inmediato un grave problema de orden p�blico que, sin lugar a dudas, tiene importantes tintes humanitarios. Miles de personas deambulando por las calles de una ciudad sin alojamiento y sin comida son un foco de inseguridad y reclaman atenci�n social b�sica.Estamos, por ende, ante una grave crisis institucional que analizaremos desde la perspectiva de un Estado que se califica de democr�tico y de Derecho y que se encuentra integrado en la Uni�n Europea.En primer lugar, un Estado que se precie, si no quiere dar la impresi�n de que es un Estado fallido, tiene que ser capaz de preservar su integridad territorial garantizando la seguridad de sus fronteras. Se trata de una tarea, por as� decirlo, "existencial". Da igual aqu� que la amenaza venga de flujos migratorios, de guerras h�bridas —el nombre puede ser nuevo, pero en nuestra memoria colectiva deber�amos tener grabado el recuerdo de la Marcha Verde— o, como ha ocurrido en Ucrania, directamente de una invasi�n "cl�sica" por parte de un pa�s extranjero.En el caso de Espa�a, que mantiene fronteras exteriores con pa�ses no europeos, el control de las mismas no es solo una cuesti�n nacional, sino que tiene efectos inmediatos sobre el resto de Estados miembros con los que no tenemos fronteras interiores. De ah� el correlativo deber de disponer de medios eficaces para ejercer el control y la vigilancia de las fronteras exteriores, tal y como se establece en la normativa europea del espacio Schengen.El suspenso en este punto, seg�n dec�amos, es estrepitoso. La Uni�n Europea puede prestarnos ayuda —de hecho, la ha ofrecido—, pero es responsabilidad de cada Estado preservar sus fronteras, aunque al final sean fronteras exteriores de toda la Uni�n. La reacci�n defensiva de canciller�as aliadas planteando la suspensi�n del espacio Schengen que permite la libre circulaci�n con Espa�a denota que aprecian nuestra incapacidad para cumplir con deberes b�sicos.Ceuta y Melilla son ciudades aut�nomas del Reino de Espa�a. En ellas s� que existe un indudable hecho diferencial como enclaves en el continente africano, que no les resta un �pice de espa�olidad sino que las hace tributarias de una especial atenci�n, sobre todo en materia de seguridad. Recordemos, adem�s, que Ceuta se incorpor� a la Monarqu�a Hisp�nica en el siglo XVI y, tras la independencia portuguesa, permaneci� bajo soberan�a espa�ola merced al Tratado de Lisboa de 1668. As� que conviene desterrar esa idea de que son una suerte de colonia.La excusa, adem�s, del efecto llamada provocado por una sentencia del Tribunal Supremo no disculpa, am�n de que resulte poco cre�ble que esta haya sido el detonante para movilizar a millares de personas. En 2015 se introdujo en la Ley Org�nica de Extranjer�a una disposici�n adicional para regular un r�gimen especial para Ceuta y Melilla que permite el rechazo en frontera de los inmigrantes que intenten acceder irregularmente: las conocidas como "devoluciones en caliente" en las que, de manera expedita, se expulsa a quienes violan estas fronteras, sin perjuicio del deber de respeto de los derechos humanos con el que deben cumplir las autoridades espa�olas. Un sistema cuya constitucionalidad ha sido confirmada en sendas sentencias del Tribunal Constitucional y que tambi�n ha sido avalado por el Tribunal de Estrasburgo.Lo que ha concretado el Tribunal Supremo en su sentencia de 16 de junio de este a�o, confirmando lo resuelto por los tribunales inferiores, es, simplemente, que no puede aplicarse el r�gimen de "rechazo en frontera" a quienes pretendan entrar a nado en las ciudades de Ceuta y Melilla porque la ley lo ha limitado a aquellos que lo hagan superando "los elementos de contenci�n fronterizos establecidos". Aun as�, el Tribunal Supremo dio una importante pista: la ley no se refiere en exclusiva a "los elementos de contenci�n terrestres ni, espec�ficamente, a las vallas", por lo que "nada impedir�a que, de establecerse elementos de contenci�n en el mar para proteger la l�nea fronteriza, pudiera ser de aplicaci�n [...] a quienes pretendieran cruzar irregularmente la frontera superando esos elementos de contenci�n mar�timos".As� las cosas, un Gobierno m�nimamente previsor habr�a podido adelantarse a esta situaci�n de dos formas: por un lado, planteando por la v�a de urgencia una modificaci�n a la ley para que el sistema de "rechazo en frontera" fuera aplicable a cualquiera que intentara atravesar la frontera de Ceuta y Melilla, aunque fuera a nado; y, por otro, adoptando inmediatamente elementos de contenci�n mar�timos.Para terminar, una vez que ya se ha producido la crisis, �c�mo afrontarla? La magnitud de la misma creo que justifica su declaraci�n como una "situaci�n de inter�s para la seguridad nacional" (Ley 36/2015), dirigida a "proteger la libertad, los derechos y bienestar de los ciudadanos, a garantizar la defensa de Espa�a y sus principios y valores constitucionales, as� como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos asumidos". Y solo si los medios ordinarios, con la debida coordinaci�n, fueran insuficientes, cabr�a acudir al estado de excepci�n. Por lo dem�s, democr�ticamente resulta inexcusable que el Gobierno rinda cuentas de inmediato en sede parlamentaria. �Es de verdad "excelente" la relaci�n con Marruecos? �Qu� se podr�a haber hecho para evitarlo y c�mo responder ahora? Preguntas que exigen respuesta y debate pol�ticos.*Germ�n M. Teruel Lozano es Profesor de Derecho constitucional de la Universidad de Murcia y Director adjunto de investigaci�n de la Fundaci�n Hay Derecho












