El Informe PISA 2025 no se ha publicado todavía, pero siguen aflorando nuevas informaciones. Uno de cada cinco alumnos no participa en las pruebas diagnósticas que utiliza la Generalitat para evaluar el sistema educativo. La misma tasa de exclusión que la consellera Esther Niubó atribuyó a una posible confusión de los centros cuando aplicaron PISA. La OCDE fija un máximo del 5%. En una clase de 30 alumnos significa dejar fuera entre uno y dos alumnos. En Catalunya, la tasa registrada en PISA del 23,2% equivale a excluir a siete.Sin embargo, ese porcentaje no nació con PISA. Lleva varios cursos formando parte de las pruebas diagnósticas del propio sistema catalán.Directores“No hacemos trampas al solitario; medir como va una clase sin los casos extremos nos ayuda a tomar decisiones”Los 51 centros que fueron escogidos por la OCDE para hacer la prueba PISA en 2025 realizaron por las mismas fechas las pruebas diagnósticas. En ellas dejaron fuera del análisis, a seis de cada 30 alumnos. Según datos del Departament d’Educació i FP, en esos mismos institutos participaron el 80,80% del alumnado en catalán, el 81,30% en castellano, el 80,44% en inglés, el 81,52% en matemáticas y el 79,99% en ciencias y tecnología. Es decir, la participación rondó el 80%, lo que supone una exclusión del 20%.No es un dato nuevo. Ocurre desde poco después de la pandemia. En el curso 2021-2022 hicieron la prueba el 92,74% de alumnos de 4º de ESO, lo que suponía una tasa de exclusión del 7,26%, todavía próxima a los estándares estadísticos internacionales. Ese año, en 2022, se realizaron las pruebas PISA anteriores a esta edición.La situación a partir de entonces cambió sin que se conozcan las causas. Los docentes lo atribuyen a los efectos de la pandemia en el bienestar emocional y la salud mental de los adolescentes y el flujo migratorio en Catalunya. También hubo un cambio de presidencia en el Consell Superior d'Avaluació. Josep Gonzàlez-Cambray cesó a Joan Mateu que fue sustituido por Carles Vega que probablemente aplicó nuevos criterios.El siguiente curso, el 2022-2023, la participación bajó al 80,4% y en el 2023-2024 el 81,46% del total. No hay datos completos del curso 2024-2025 en los documento del departamento (solo el dato de exclusión, 9,7%, pero no en el de la participación). Tampoco los de este curso ya que no se han publicado. Se da la circunstancia de que en este periodo se produjo una caída de resultados en las competencias básicas de los alumnos, incluso retirando a los alumnos que potencialmente podrían tener menos rendimiento. La caída, como en otros sistemas educativos, se atribuyó al impacto del covid, Educació adopta el tope del 5%Las evaluaciones catalanas de este curso ya se han ceñido al estándar de exclusión máxima del 5%, acercándose con lo que pasaba en Catalunya antes del año 2021. Además, la nueva Agència d’Avaluació i Prospectiva de l’Educació ha decidido que no serán censales (todos los centros) sino por muestra representativa para ayudar a Educació a decidir políticas educativas. Este cambio no ha sentado bien a los directores que sienten que pierden una herramienta de gestión útil que les permitía conocer el rendimiento de todos los alumnos de una promoción y compararlo con años anteriores. Con los resultados, detectaban si una estrategia de lectura, matemáticas o lengua había funcionado, justificaban cambios metodológicos o decidían dónde poner los recursos. Muchos llevan más de una década comparando resultados. Además, lamentan que las familias pierdan esta información. Las pruebas de 4º de Primaria y 2º de ESO sí serán censales, pero no están organizadas de forma externa y la corrección es internaLos profesores consultados corroboran que hay muchos alumnos exentos que pertenecen, fundamentalmente, a dos perfiles. Por un lado, estudiantes extranjeros escolarizados desde hace menos de dos años que aún no dominan catalán (un criterio ligeramente diferente al de la OCDE que considera que un año es suficiente para adquirir la competencia lingüística necesaria). Por otro, alumnos con necesidades educativas especiales como discapacidad cognitiva, trastornos graves del aprendizaje —una dislexia leve no entra en el supuesto–, trastornos emocionales y problemas graves de conducta. Todo esto ha aumentado desde el Covid.“La realidad es así”, responden los docentes consultados. “¿Si tenemos seis alumnos con problemas en cada aula de ESO? Pues sí. Por esto nos manifestamos”.Este grupo de alumnos exentos se examina de la prueba igualmente, pero la corrección es interna y no cuenta en las variables globales. La exclusión, en todo caso, se ajusta a los criterios de Educació y está validada por la inspección educativa que valora alumno por alumno.Una directora de centro apunta que también hay alumnos que no van el día de la prueba pues sus familias están en contra de que se evalúe y se comparen los resultados académicos al entender que la educación va mucho más allá que la adquisición de conocimientos. También se cuestionan desde el profesorado, El principal sindicato, Ustec, critica estas pruebas, como las de PISA, porque existe el riesgo de “establecer ránkings, generar un espíritu competitivo y una presión innecesaria sobre la comunidad educativa”. Dudan de que sirvan para concretar mejoras. En todo caso, el criterio de exclusión del alumnado por parte de los centros educativos parece responder más a una lógica pedagógica que estadística. Los directores utilizan estas evaluaciones para saber cómo evoluciona su instituto respecto a ediciones anteriores y en comparación con otros centros de características similares.“No hacemos trampas al solitario”, desmiente un director consultado. Si la mayoría de alumnos va mal en matemáticas pueden diseñar programas para los siguientes años. Ayuda a tomar decisiones. “Pero un muy mal resultado de seis alumnos en un aula de treinta distorsiona el análisis y no sabes como navega el grueso del barco”, afirma un director de centro.El presidente del Consell Superior d’Avaluació hasta 2021 Joan Mateu recuerda que una prueba diagnóstica es una radiografía del sistema que identifica fortalezas, debilidades y desigualdades. Su utilidad depende de que la muestra represente adecuadamente la diversidad de estudiantes. “Si hay una parte significativa del alumnado que deja de formar parte de esa fotografía, la imagen resultante deja de representar con la misma precisión la realidad que se pretende diagnosticar”.La controversia no gira únicamente en torno al porcentaje de alumnos excluidos, que también, sino al propósito de la evaluación. Mientras los centros utilizan estas pruebas como una herramienta de mejora interna, una evaluación de sistema exige que la muestra represente fielmente al conjunto del alumnado.Periodista. Ha trabajado en las secciones de Política, Economía, Opinión y Cultura de La Vanguardia. Desde hace unos años cubre informaciones de Educación y Universidades en Sociedad
El informe PISA destapa la alta tasa de exclusión en las pruebas internas catalanas
Las evaluaciones del sistema educativo catalán descuentan a una quinta parte de estudiantes















