EditorialEl sistema educativo catal�n camina ciego. Ninguna sociedad en una democracia avanzada merece una escuela basada en la trampa y la manipulaci�nSalvador Illa con la consejera de Educaci�n, Esther Nuib�.EFEActualizado Mi�rcoles,
julio
00:22Audio generado con IAAunque se tratara de un error involuntario, la expulsi�n de Catalu�a del Informe PISA debido a la deficiente muestra de alumnos examinados es un hecho lo suficientemente grave para motivar el cese de la consejera Esther Niub�. Sin embargo, el problema es mucho mayor, pues lo que ha quedado al descubierto es que incluso en sus evaluaciones internas la escuela catalana camina ciega.Ya no se trata solo del examen de la OCDE que permite medirse con el resto de Espa�a y del mundo: hoy sabemos que tambi�n las pruebas netamente auton�micas a las que se someten los estudiantes de 4� de Secundaria se llevan a cabo con muestras adulteradas, dejando fuera a los alumnos con discapacidad o con necesidades educativas especiales (uno de cada cuatro). Ninguna sociedad en una democracia avanzada merece un sistema educativo basado en la trampa y la manipulaci�n. Es el progreso social y econ�mico de los propios catalanes lo que est� en juego.El contexto pol�tico es importante. La �ltima prueba PISA otorg� unas puntuaciones nefastas a Catalu�a, en consonancia con el deterioro progresivo de la escuela, algo que Salvador Illa prometi� revertir. Hoy parece dif�cil creer que apartar de la muestra al 23% de los alumnos -PISA s�lo permite el 5%- no fuera una decisi�n deliberada, ya no solo por el precedente interno, sino porque el Ministerio de Educaci�n les alert� del problema hace m�s de un a�o, sin que la Generalitat cambiara nada.Lejos de ser un episodio anecd�tico, lo que asoma es la punta del iceberg de una crisis estructural que los estudios independientes atribuyen principalmente a dos factores: el inflexible modelo de inmersi�n, que penaliza el aprendizaje de los alumnos m�s vulnerables que no tienen el catal�n como lengua materna -incluida buena parte de la poblaci�n inmigrante-; y una concepci�n contraproducente de la inclusi�n que infravalora el m�rito y el esfuerzo.En nombre de unas pol�ticas falsamente progresistas, la Generalitat no solo empuja al fracaso a los ni�os y adolescentes m�s necesitados al negarles la igualdad de oportunidades: est� mintiendo al conjunto de los catalanes.












