0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLos resultados de Catalunya en el informe PISA, con el que la OCDE mide y compara los niveles de la educación de jóvenes de 15 años de todo el mundo, a fin de mejorarlos allí donde sean deficientes, se revelaron en el 2022 particularmente decepcionantes. Tanto en habilidad lectora como en matemáticas o en ciencias, las notas de los adolescentes catalanes quedaron por debajo de las medias de España, la Unión Europea y la OCDE, además de experimentar un retroceso respecto a las obtenidas en el informe correspondiente al 2019.Los datos del informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, según sus siglas en inglés) del 2025 no se darán a conocer hasta el 8 de septiembre. Pero antes de que eso suceda hemos recibido ya noticias inquietantes: la OCDE ha decidido que los datos recogidos en Catalunya no son válidos para establecer comparaciones con otras comunidades autónomas o con otros países. Se recogerán en el informe nacional español, pero carecerán de valor comparativo oficial.La razón de esta medida es que los 51 centros catalanes elegidos para participar en los estudios previos al informe acabaron excluyendo, por distintos motivos, a un promedio del 23% de los 2.500 alumnos sometidos a pruebas, cuando el porcentaje máximo permitido por la OCDE es del 5%. En total, los excluidos fueron 591, 493 de ellos por presentar algún tipo de discapacidad cognitiva, emocional o de conducta.Tras los malos resultados del 2022, la OCDE aparta a Catalunya de la evaluación del 2025 por excluir datosLlueve sobre mojado. La noticia de la exclusión del informe PISA de los resultados del análisis de los datos catalanes es un nuevo desdoro para el prestigio educativo de esta comunidad. Ya sabíamos que nuestros alumnos no estaban a la altura de sus pares españoles, europeos o pertenecientes a los países miembros de la OCDE. Ahora sabemos además que se ha fallado en algo tan simple como conocer las reglas de dicho organismo internacional, y también en la supervisión de los datos recogidos, que deben realizar entidades e instituciones locales.Podría decirse que el calendario ha jugado una mala pasada. Cuando llegó a la presidencia de la Generalitat en agosto de 2024, pronto hará dos años, Salvador Illa fijó entre sus prioridades la reversión de la tendencia de Catalunya a ir perdiendo puestos en el informe PISA. A tal efecto, nombró a nuevos responsables políticos y técnicos, si bien buena parte de la mayoría de funcionarios ya operativa bajo anteriores administraciones siguió en sus puestos. Pero la última prospección de PISA, efectuada entre enero y abril del año pasado, se hizo en un periodo de tránsito en esa renovación de equipos humanos, que acaso contribuyó al insatisfactorio resultado de los controles que ha abocado a la exclusión catalana.Esta circunstancia puede valer como atenuante, pero no como excusa. Catalunya era consciente del mal papel de sus alumnos en las recientes ediciones del informe PISA, y no podía permitirse bajar la guardia en ninguna fase del proceso. La noticia de la exclusión de sus resultados es mala para los estudiantes de aquí, para sus profesores, para las instituciones que diseñan las políticas educativas e incluso para los agentes y empresas involucradas en el proceso. También para el Govern. El desprestigio es colectivo y causa sonrojo. Han fallado los controles y la supervisión. La comparecencia ayer en el Parlament de Esther Niubó, consellera de Educació, no ayudó a aclarar quiénes son los responsables de tales fallos.La comparecencia en el Parlament de la consellera Niubó no contribuyó a aclarar responsabilidadesLa exclusión de Catalunya tiene escasos precedentes en el marco de los análisis de la OCDE. No debería haber sucedido y no debe producirse de nuevo. En un ámbito como el educativo no cabe aspirar a otro objetivo más que la excelencia. En Catalunya estamos muy lejos de eso. Las notas medias no soportan la comparación con las de comunidades y países vecinos. Hemos terminado el curso con un rosario de huelgas que probablemente se reanuden al inicio del próximo. Y estamos también lejos de dilucidar las causas y los agentes, profesionales o políticos, que pueden haber incurrido en responsabilidades.La única manera de salir con bien de una situación adversa es analizándola al detalle, identificando a todos sus responsables y tomando las medidas necesarias. Catalunya no puede permitirse este tipo de fiascos sin dañar su imagen. Y sus alumnos no pueden seguir a la cola de la OCDE. Porque no es solo el futuro particular de cada uno de ellos lo que está en juego –y eso ya sería razón más que suficiente para actuar enérgicamente–, sino el futuro del país en su conjunto.
Otro tropiezo de Catalunya en el informe PISA, por Editorial
Los resultados de Catalunya en el informe PISA, con el que la OCDE mide y compara los niveles de la educación de jóvenes de 15 años de todo el mundo, a fin de mejorarlos allí donde sean deficientes, se revelaron en el 2022 particularmente decepcionantes. Tanto en habilidad...











