Cuando parecía que el curso escolar no podía acabar peor en Catalunya, con un conflicto docente sin resolver y la amenaza de más movilizaciones en septiembre, la exclusión de PISA no ha hecho más que agravar la crisis y aumentar la presión sobre la Generalitat.

Tras desplomarse Catalunya en los resultados de las pruebas PISA de 2022, los de 2025 –cuya publicación está prevista para septiembre–, se esperaban con gran interés. Pero el Departamento de Educación dio a conocer el pasado viernes que un error en la muestra del alumnado evaluado impedirá que los datos puedan compararse con los de años anteriores.

Catalunya queda fuera de esta forma de la foto de PISA, algo que no había sucedido nunca –las pruebas se llevan a cabo desde el año 2000–. Un fracaso que ha provocado la reacción airada tanto de la oposición política como de sindicatos, directores de centros y asociaciones de familias, que piden al Govern más explicaciones de las ofrecidas.

“Es un fiasco inaudito, un descuido enorme en los mecanismos de control de la prueba de Educación”, señala Jordi Satorra, director de la asociación de directores de institutos públicos Axia. El sindicato de educación mayoritario en la pública, Ustec, les ha acusado de “descontrol” y “falta de transparencia”.