“No hay que empeñarse en discutir con las personas cabezotas: la contradicción les irrita en lugar de ilustrarles”, decía Voltaire. Intento recordarlo estos días cada vez que, en la aldea alpujarreña a la que he subido en busca de un poco de frescor, topo con gente que me cuenta que no hay modo de contratar a un albañil, un fontanero o un electricista -están todos ocupadísimos-, y, acto seguido, despotrica de que España se haya llenado de inmigrantes. O que proclama que aquí siempre ha hecho calor en verano, para añadir de inmediato que en estas laderas de Sierra Nevada nunca se habían alcanzado las altas temperaturas que nos han impedido dormir algunas noches del mes de julio.
Son buena gente, algunos viejos amigos míos, pero repiten tozudamente lo que oyen en las barras de los bares y las tertulias de la mayoría de las cadenas de televisión, y también lo que ven en los grupos de WhatsApp a los que están suscritos. Aunque tal rotunda afirmación y la siguiente sean evidentemente discordantes, como quejarse de la escasez de mano de obra y desear la expulsión de los inmigrantes. O como negar el cambio climático y reconocer que nunca había hecho tanto calor. Siguiendo el consejo de Voltaire, yo los escucho sin discutir, enviándoles como mucho una mirada irónica.














