Las malas lenguas en Almorox creen que el miércoles de la semana pasada un vecino que hacía una barbacoa provocó uno de los incendios que están devastando la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid. Sin muchas pruebas, la gente habla de que fue uno de esos veraneantes dueños de segundas residencias en los campos de las afueras, donde muchos se han construido chalés con piscina. Lo cuentan con una mezcla de rabia e impotencia. Este pueblo toledano de 2.569 habitantes se ha convertido en un protagonista demasiado habitual de las noticias sobre incendios forestales. Este es el tercero que se ha desatado desde 2019.Este lunes por la mañana ese era el tema de conversación de Teodoro Navarro y otro vecino de Almorox. Navarro vive cerca de la zona donde se originó el incendio y lleva varios días fuera de casa porque su urbanización ha sido desalojada. Portaba en la mano un salvoconducto que había usado para recoger su medicación contra el asma. “Dicen que es alguien que siempre estaba con la música a todo volumen y la barbacoa. ¿Tú crees que es de sentido común hacer barbacoas a 40 grados? Hace siete años hubo un incendio muy grande aquí, y como digo yo, ¿no deberíamos haber aprendido? Nada".Hablaban a la sombra mientras observaban el puesto de control de la Guardia Civil a la salida de Almorox, en la carretera que da entrada a nueve kilómetros a la Comunidad de Madrid. Apareció por allí el alcalde, José Martínez Vera (PP), conduciendo su furgoneta Peugeot Partner blanca. Iba a hablar con los agentes para que permitieran el paso a un camionero local. Allí, entre llamadas de vecinos, habló con este diario sobre los tres grandes incendios con los que le ha tocado lidiar desde que asumió el bastón de mando hace siete años. Por supuesto, se acuerda de aquel grande de 2019, que consumió 2.837 hectáreas, convirtiéndose en el más devastador del siglo hasta entonces en Madrid. En octubre del año pasado tuvieron otro que calcinó casi 500 hectáreas y ahora este. El origen de cada uno ha sido distinto, pero todos en Almorox culpan a un mismo factor que los ha alimentado: la falta de limpieza del monte, lleno de malezas secas que prenden rápido.“La gente del pueblo dice que antes no se daban incendios tan grandes”, cuenta el alcalde. “Ahora los pinos están más juntos y hay mucha encina, jara, piñas”. Tienen más de 1.500 hectáreas de monte de pinar piñonero, el tesoro de este municipio, y cuentan que los recursos del Ayuntamiento no son suficientes para mantenerlo limpio. “Se necesita más gente para limpiarlo y lo hemos trasladado a la Diputación, pero Castilla-La Mancha es muy grande y hay muy pocos habitantes en mucho espacio. Esto no es como la Comunidad de Madrid”.En un bar del pueblo, The Dalton, varios parroquianos debaten sobre este tema en la barra con unas cervezas. Un señor con un bigote frondoso repite el lema que se ha viralizado estos días: “¡Más cabras y menos cabrones!, yo lo tengo muy claro". Antes, por estos y otros lares, se veían más vacas y cabras que se comían esas hierbas tan peligrosas. Ahora, municipios ricos como Boadilla del Monte, en Madrid, las utilizan para protegerse. Las llaman ovejas bombero.Siempre ha habido miedo a los incendios en este pueblo, pero antes no eran tan devastadores. Cuentan que con menos recursos conseguían extinguirlos, todos a una. Si avistaban un incendio, sonaban las campanas y se movilizaba todo el mundo. Iban con escobas y ramas y lo apagaban. Aquí en este bar algunos culpan a la irresponsabilidad de los vecinos. Cada año se publica por marzo un bando para que la gente limpie de malezas su parcela, pero muchos se lo saltan a la torera. También se mira con desconfianza a los forasteros que se compran una parcela en terrenos rústicos, como el lugar donde supuestamente prendió el fuego por la chispa de una barbacoa. “Las barbacoas habría que prohibirlas. ¿Por qué no?“, propone el dueño del bar, Antonio González, alias Dalton.Otro de los presentes es el concejal de obras, Fernando Notario, de 74 años, que se acuerda del Cristo de la ermita. “A lo mejor me tachan de loco, pero creo que nos está salvando de que arda el pinar”. Como él, muchos creen que es un milagro que, con la cantidad de fuegos que se han desatado en los últimos años, los pinos centenarios del municipio hayan resultado ilesos.¿Tiene algo que contar? Escriba a fpeinado@elpais.es