Es absurdo pensar que el fuego devastador que se ceba con media España conoce de fronteras y de competencias. A finales de los años 80, Labordeta, Mari Trini y otros artistas cantaban Todos contra el fuego en una campaña de gran éxito contra los incendios forestales, muy dañinos pero infinitamente menos que los monstruos de sexta generación que estamos sufriendo, como los fuegos de Madrid y Ávila, el peor de la historia en España.Todos contra el fuego, según la ley de montes de 2003, significa que tanto el Gobierno central como las autonomías tienen responsabilidad en la gestión de las masas arbóreas, también como herramienta para crear empleo en el medio rural. Además de garantizar los medios de extinción, urge cuidar el monte de modo que la vegetación no siga actuando como combustible para su autodestrucción, la desolación de miles de personas y el riesgo extremo de los héroes antiincendios.