Con cada incendio que ha habido este verano no podía evitar verlo al lado de mi casa, en la sierra norte de Madrid. Anteayer, mientras se quemaba el suroeste de la Comunidad, no necesité mucha imaginación: el olor a humo, las pavesas y la ceniza se presentaron en la puerta de casa, tras recorrer los apenas 60 kilómetros que nos separan del fuego.

Mientras escribo estas líneas se han quemado ya 42.000 hectáreas y se intenta evitar que el fuego del suroeste de Madrid se una al de Ávila. Cuando salgo a pasear a mi perra, me encuentro a una vecina cuyo marido es bombero. Anteayer estuvo trabajando en la zona, y ha visto escenas pavorosas. De algunas les han obligado a salir ante el temor a que quedaran atrapados: ¿tiene ya fecha el homenaje a esta gente?