Actualizado 22/07/2026 - 13:47h.

Gracias a mi padre, crecí escuchando los domingos el 'Carrusel Deportivo' en las interminables retenciones de vuelta de nuestras excursiones dominicales. Y desde hace 27 años comparto mi vida con un marido y tres hijos futbolistas, por ende, tremendamente futboleros. He conocido la cara menos ... amable de este deporte: los gritos y las faltas de respeto en la grada o sobre el césped; Su cara más amarga: las lágrimas por una lesión que te impedirá jugar los siguientes partidos, la frustración de ver pasar los minutos desde el banquillo. Pero también he aprendido a reconocer su cara más noble, no siempre la más visible: jugadores que disfrutan, se abrazan y sienten que la victoria se obtiene, sólo, cuando se juega en equipo. Y es entonces, cuando esos jugadores conquistan una Copa del Mundo, cuando esos sentimientos dejan de pertenecerles solo a ellos y se convierten en el sentir de todo un país. Pocos acontecimientos nos hacen sentir unidos como lo hace el fútbol en noches así. Pocos acontecimientos consiguen que, aunque sólo sea por unas horas, olvidemos nuestras diferencias. Así que sí, gracias a ellos me considero aficionada al fútbol por obligación, pero, en momentos como éste, bendita obligación. Mayte Angulo Moreno. Madrid