En esta �poca de egos desmedidos, los j�venes admiran cada vez m�s las haza�as colectivas.La victoria de la selecci�n espa�ola de f�tbol en el Mundial ha sido como un b�lsamo para una sociedad asaeteada por los esc�ndalos que rodean a Pedro S�nchez y la desafecci�n hacia una clase pol�tica incapaz de dar respuesta a los principales problemas del pa�s: la falta de vivienda, el colapso de la sanidad y el deterioro del resto de los servicios p�blicos. La alegr�a desbordada en las celebraciones, pero con un civismo ejemplar, as� lo refleja. Tambi�n la admiraci�n que generan los jugadores de esta generaci�n, no s�lo por su triunfo, sino sobre todo por la forma de conseguirlo. Los chicos de Luis de la Fuente no han negociado ning�n esfuerzo pese al cansancio acumulado por tantos meses de competici�n continuada en sus clubes. Han dado una lecci�n de compromiso colectivo, de gallard�a, como les dijo Felipe VI, ejecutando la partitura dise�ada por su director de orquesta con obediencia espartana, y asumiendo sin aspavientos el papel que �ste les ha ido otorgando a cada uno de ellos. Por si fuera poco, el seleccionador ha tenido la suerte de que los h�roes del equipo hayan sido varios de los suplentes, con Ferran Torres como palad�n tras marcar el gol definitivo en la final, lo que ha reforzado la fe del grupo en su idea. De la Fuente ha sabido combinar a sus jugadores y optimizar tiempos para lograr el mejor rendimiento posible de su armada futbol�stica. Y, seg�n �l mismo ha declarado, ha podido hacerlo al tener a su mando buena gente, buenas personas, con valores que defienden p�blicamente sin complejos, que jugaban por un objetivo com�n y no buscando el lucimiento personal, un mal que ha lastrado el rendimiento de otras selecciones en este torneo. Al seleccionador actual, discutido por algunos antes del inicio del Mundial a�n su brillante palmar�s, hay que reconocerle el m�rito de haber formado una familia deportiva con principios tan s�lidos en el campo y fuera como la solidaridad, el compa�erismo, la deportividad, la humildad y la alegr�a. Su �xito trae el recuerdo inevitable de Luis Aragon�s, quien puso la semilla del estilo actual, defendiendo su idea de juego, a la que algunos llamaron despectivamente "La Espa�a de Luis" contra todo y contra todos, hasta el punto de que le cost� el cargo pese a ganar la Eurocopa de 2008. Si el sabio de Hortaleza supo quitar a la selecci�n el complejo de inferioridad respecto a las tradicionales potencias futbol�sticas e introdujo un gen competitivo �nico (su famoso "ganar, ganar y ganar"), De la Fuente, que se ha ganado sobradamente el derecho a que se le llame de Don, ha sabido evolucionar el modelo perfeccionado por Vicente del Bosque en el Mundial de 2010, cuando se logr� la primera estrella, en busca de la victoria con prop�sito. Una evoluci�n l�gica, pero compleja, que ya se hab�a dado en otros deportes, sobre todo en baloncesto de la mano de Pepu Hern�ndez, primero, y despu�s de Sergio Scariolo, que de nuevo se ha hecho partiendo desde la base, de las categor�as inferiores que De la Fuente conoc�a al detalle antes de asumir el mando de la absoluta. Ahora otros pa�ses tratan de copiarlo para recuperar la competitividad de sus selecciones.En esta era de egos desmedidos, no s�lo en el campo deportivo, tambi�n en la pol�tica, la empresa y el mundo laboral, los j�venes admiran cada vez m�s las haza�as colectivas. Algunos deben tomar nota, no s�lo apuntarse a las celebraciones tras la victoria. Pas� tambi�n durante la visita a Espa�a de Le�n XIV, que conquist� a la juventud con un mensaje aut�ntico, sin artificios. La selecci�n ha vuelto a mostrar que los espa�oles unidos somos invencibles, por mucho que haya quien se empe�a en dividirnos con fines espurios.