España ha ganado su segundo campeonato mundial de fútbol. Tenemos motivos para estar orgullosos de nuestra selección. La victoria de la Roja es sobre todo una victoria del trabajo bien hecho. Luis de la Fuente lleva muchos años construyendo este equipo. Empezó cuando los jugadores eran juveniles. Lo que ha destacado en la selección no han sido sus grandes estrellas, que también las tiene. Lo excepcional es el espíritu de equipo, el sistema de juego, la idea que hay detrás de todo ello. El seleccionador y su equipo técnico han sabido crearla, desarrollarla y llevarla hasta el final. España ha logrado muchos éxitos deportivos en los últimos años. En fútbol somos campeones del mundo en categoría masculina y femenina. Los chicos son además campeones de Europa y campeones olímpicos, y las chicas han ganado también la Liga de Naciones. Se dice pronto. Y no se trata sólo del fútbol, sino de muchos otros deportes. Esos éxitos dicen mucho sobre los valores de fondo de una sociedad. No se consigue nada en el deporte sin buena organización de los equipos de base, cuidando la cantera, ayudando a desarrollar el talento. Para eso hacen falta maestros, disciplina, modelos a seguir. Una cultura del esfuerzo, del sacrificio, de la excelencia, de colocar los intereses colectivos por encima de los individuales. La victoria en el Mundial muestra asimismo la capacidad de manejar la diversidad e integrarla en un proyecto común. La selección recoge esa diversidad de la España actual, las lealtades regionales compatibles con la lealtad a la nación, la participación protagonista de jugadores de otras etnias que no son menos españoles que el resto. España ha sido capaz de integrar en su sociedad en los últimos treinta años prácticamente a la quinta parte de su población actual, que ha llegado desde rincones muy diversos del globo. Por supuesto que hay tensiones, no podía ser de otra manera. Pero comparativamente menos que en otros lugares. Es un logro importante de la sociedad española. Así lo ve también The Economist, que al comentar la victoria de la selección ve en ella un reflejo de valores enraizados en nuestra sociedad. Cita entre ellos "la humildad, el trabajo duro, la organización y sobre todo la unidad". La revista indica que el equipo español representa la cohesión nacional y un país en proceso de cambio, con jugadores procedentes de toda su geografía, así como de familias inmigrantes. Afirma que hasta hace poco muchos catalanes y vascos eran ambivalentes en relación a la Roja, pero que esa ambivalencia parece haberse transformado en entusiasmo, especialmente entre los más jóvenes. Señala que las audiencias de televisión en el partido contra Francia fueron casi tan altas en Cataluña y en el País Vasco como en el resto del país. Las celebraciones de la victoria española (casi dos millones de personas en la calle solo en Madrid) tuvieron un tono festivo, sin la violencia que se ha registrado a veces en otras latitudes. TE PUEDE INTERESAR Opinión El ruido mediático y la polarización en la que se ha sumido nuestro debate político (algo verdaderamente lamentable: nuestros representantes han sido elegidos para solucionar problemas, no para crearlos) nos impide a menudo ver el bosque. El de un país y una sociedad que tiene desde luego problemas importantes, pero que se sustenta sobre algunos principios muy sólidos. Quizá sea esa una de las razones por las que España es un destino turístico tan atractivo, aunque los precios de los hoteles hayan subido y algunos lugares hayan alcanzado un punto de saturación. España es muy bonita, pero lo que atrae de verdad a los visitantes es nuestro estilo de vida, nuestra forma de entender la vida. Quizá sea también ese el motivo por el que España tenía en la final un amplio apoyo entre los aficionados de los cinco continentes, con alguna excepción como la de Benjamin Netanyahu. Uno de los problemas que seguimos teniendo, y que nos impide desarrollar todo nuestro potencial, es la falta de autoestima como nación. Es un problema que arrastramos desde hace mucho tiempo. Es también probablemente una de las razones de la polarización, porque si nos respetáramos más a nosotros mismos no toleraríamos los comportamientos polarizadores. TE PUEDE INTERESAR Esa falta de autoestima no es casual. Tiene raíces profundas. Hasta las guerras napoleónicas, España era una potencia mundial. Pero cuando esas guerras terminaron, se hundió en el momento más negro de su historia, a pesar de nuestra participación destacada en la derrota de Bonaparte. En ello tuvo un papel inestimable el peor rey que hemos tenido nunca, Fernando VII, que con su política absolutista y sus continuas traiciones a unos y a otros impidió que las ideas de la Revolución Francesa llegaran a España de una forma menos traumática, como sucedió en el resto de Europa occidental. Mientras nuestros vecinos —y hasta ese momento nuestros iguales— construían ferrocarriles y creaban industrias, nosotros nos enzarzamos en las guerras carlistas, en las que durante mucho tiempo se fusilaba a los prisioneros, como cuenta Galdós en los Episodios Nacionales. A eso le siguió un siglo XIX y un arranque del siglo XX catastróficos, plagados de pronunciamientos, conflictos sociales, el desastre de Cuba, la guerra civil y 40 años de dictadura. Todo eso es verdad, y ha tenido un fuerte impacto sobre nuestra conciencia colectiva. Pero también es verdad que España es uno de los pocos países que han cambiado la historia. En Europa, en América, y también en Asia y en el océano Pacífico. Es el origen de una comunidad de naciones que comparten lengua, cultura, sangre, cuyas poblaciones y realidades económicas están profundamente vinculadas, y que tiene una proyección global. Después de la final del primer Mundial de 1930 entre Uruguay y Argentina, esta ha vuelto a ser otra final del Mundial jugada en español. No es poca cosa. No se trata solo de la historia. Hace cincuenta años España supo salir de la dictadura y estableció una democracia fuerte y próspera. Con la Transición, que ahora algunos quieren denostar, España se transformó. Cuando Franco murió, yo estaba en la universidad. En esa época me preguntaba por qué España era tan diferente de sus vecinos europeos. Esa pregunta en este momento ya no nos la hacemos. Soy muy consciente de la diferencia que hay entre la España de entonces y la actual. La democracia, la prosperidad, la integración en Europa, la influencia internacional. Somos un país muy serio, un país que representa algo ante el resto del mundo. A lo largo de mi vida he vivido en países muy diferentes. En todos ellos me encontré con una imagen muy positiva de España. En realidad, el único país del mundo en el que la imagen de España está cuestionada en determinados sectores es España. TE PUEDE INTERESAR Opinión Tenemos otros muchos problemas. El acceso a la vivienda, la desigualdad, la baja productividad de nuestra economía, la dificultad para que nuestros investigadores permanezcan en nuestro país. Pero España no es un país menor, y en la sociedad española existen unos valores muy serios que nos pueden ayudar a superar esos problemas. Nuestra selección de fútbol nos lo acaba de recordar. España ha ganado su segundo campeonato mundial de fútbol. Tenemos motivos para estar orgullosos de nuestra selección. La victoria de la Roja es sobre todo una victoria del trabajo bien hecho. Luis de la Fuente lleva muchos años construyendo este equipo. Empezó cuando los jugadores eran juveniles. Lo que ha destacado en la selección no han sido sus grandes estrellas, que también las tiene. Lo excepcional es el espíritu de equipo, el sistema de juego, la idea que hay detrás de todo ello. El seleccionador y su equipo técnico han sabido crearla, desarrollarla y llevarla hasta el final.