Actualizado 19/07/2026 - 14:21h.

Con independencia del resultado de la final del Mundial que esta noche disputará nuestra selección frente a la de Argentina, y esperando naturalmente el mejor desenlace, ya es posible constatar el éxito que este campeonato ha supuesto en lo deportivo y, sobre todo, el refrendo de que el concepto de nación funciona, resiste y avanza afortunadamente en el seno de nuestra sociedad. Al margen del éxito puramente deportivo, del que debemos felicitarnos y que podría culminar en Nueva York con una nueva estrella sobre el escudo de las camisetas, el Mundial y el seguimiento masivo y entusiasta que ha despertado la selección en todas las capas de la sociedad demuestran que España ya ha ganado. Nuestro país, sus símbolos –la selección nacional es, sin duda, uno de los más poderosos– y su bandera están muy vivos. El Mundial ha dado un respiro al país, un paréntesis en medio de la consternación diaria y de una duda continua sobre la autoestima nacional. Ha supuesto el único escenario internacional en el que el protagonismo español es admirable, el único en el que el nombre de España no queda asociado a casos de corrupción, a crisis institucionales, a pérdidas de oportunidad.