Ciudad AbiertaCelebraciones en Barcelona por la victoria de Espa�a.Araba PressActualizado Lunes,

julio

09:13En lo que se refiere a nuestra selecci�n de f�tbol, muchos espa�oles tendremos siempre mentalidad de pobres. Arrastramos la sensaci�n de que las amargas eliminaciones en los Mundiales de 1994, 1998 o 2002 son m�s representativas de nuestro destino futbol�stico que los �xitos de 2008-2012. Y eso nos ocurre a los que nacimos en los 80; imagino que ser� peor para quienes vieron el fallo de Carde�osa o el penalti de Eloy Olaya. Es curioso, porque la frustraci�n part�a de la creencia de que nuestros combinados ten�an talento para llegar m�s lejos de lo que lo hac�an. Y, sin embargo, hubo algo reconocible en el regreso a la mediocridad tras 2012. Poco dura la alegr�a, etc�tera.Sirva todo esto para indicar hasta qu� punto el desempe�o de esta selecci�n ya parec�a extraordinario antes incluso de llegar a la final. Porque la mentalidad de pobre no impide apreciar los �xitos; solo los hace parecer m�s milagrosos. Muchos sent�amos que alcanzar las semifinales y caer contra la temible Francia ya habr�a sido un gran logro: es una de las razones por las que ese partido fue tan memorable. La victoria contra Argentina entrar�a, directamente, en la categor�a de aquellas cosas que nos atrevimos a desear, pero no a esperar.Es inevitable preguntarse por los efectos que tendr�n estas semanas inolvidables; pero aqu� tambi�n hay motivos para mantener bajas las expectativas. Antes de 2008, era habitual escuchar que un triunfo de nuestra selecci�n actuar�a como un b�lsamo sobre nuestros problemas de unidad. Que reforzar�a la sensaci�n de pertenencia a un proyecto com�n, que facilitar�a la identificaci�n con los s�mbolos. Y, sin embargo, dos meses despu�s de que la selecci�n conquistara el tercer t�tulo de su ciclo glorioso, una Diada multitudinaria dio inicio al proc�s separatista. No fue s�lo una cuesti�n catalana: varias encuestas mostraron que los �xitos deportivos no contrarrestaban el descenso de orgullo nacional espa�ol y de identificaci�n con los s�mbolos que sigui� a la crisis de 2008. Al mismo tiempo, sabemos que nada de eso borra la inmensa felicidad que sentimos con los goles de Torres o de Iniesta, como nada que pase en el futuro borrar� las alegr�as que nos ha dado esta nueva generaci�n. As� que disfrutemos de todo lo que ha supuesto este Mundial. Nada m�s, y, desde luego, nada menos.