�Quia!La selecci�n hab�a sido patrocinada como s�mbolo de una Espa�a trans: mestiza, igualitaria y risue�aFerran Torres celebra el gol de Espa�a en la final.EFE / EPAActualizado Martes,

julio

00:00Audio generado con IANunca es solo f�tbol. La magnitud de la decepci�n espa�ola en el Mundial obliga a algo m�s que a un an�lisis t�ctico. No es dif�cil ver en este equipo -en su devoci�n lit�rgica por el sistema, en su miedo al desequilibrio individual, en la sumisi�n del talento a la coreograf�a- un reflejo de lo que es y de lo que amenaza seguir siendo este pa�s en el siglo XXI: una sociedad que ha hecho de la desconfianza ante la excelencia una forma de cortes�a.Nunca es solo f�tbol. Luis de la Fuente, que siempre fue un meritorio jugador de equipo, hab�a convertido en credo la grave falsa modestia de Alfredo Di St�fano: �Ning�n jugador es tan bueno como somos todos juntos�. Espa�a ten�a a Lamine Yamal, acaso el mayor talento de su historia: solo hay que ver cu�l ha sido el resultado de dos a�os instruy�ndole en el pase hacia atr�s. El tikitaka de 2010 era una cultura; el tiktok de 2026 es relax. La selecci�n hab�a sido patrocinada como s�mbolo de una Espa�a trans: mestiza, igualitaria y risue�a. Anoche descubrimos su cara b. El mestizaje sin fusi�n es yuxtaposici�n. La igualdad entre desiguales, nivelaci�n. Y los equipos serios no sonr�en mientras suena el himno, sino cuando recogen la Copa.Nunca es solo f�tbol. La estrella disuelta en el grupo, el m�rito prorrateado. Una par�bola nacional. Nuestra escuela iguala hacia abajo, nuestra legislaci�n recela del m�rito y nuestra conversaci�n p�blica dedica a demoler reputaciones el tiempo que otras dedican a construirlas. Pedirle a este vestuario que se atreva a la excelencia es pedirle que desobedezca a su pa�s. Los jugadores no viven en una burbuja: son hijos de un tiempo en que el largo aliento cotiza menos que la viralidad instant�nea, y en que los j�venes, sin horizonte ni proyecto, no pueden emanciparse, sobre todo de s� mismos.Nunca es solo f�tbol. El desenlace tampoco puede sorprender al que observe el clima moral del pa�s. Es l�gico que una sociedad secuestrada por la polarizaci�n, donde las reglas se tuercen al servicio de la supervivencia de las �lites y donde la palabra p�blica es ruido, solo pueda exportar la par�lisis y hasta la infelicidad que se vieron en el c�sped.Nunca es solo f�tbol. La eliminaci�n deja lecciones urgentes de cara a 2030, cuando Espa�a organizar� el Mundial junto a Portugal y Marruecos. Ninguna selecci�n fracasa sola: fracasa el pa�s que se proyectaba en ella. Y esos once hombres, perfectamente organizados para la mediocridad, pixelan una imagen que Espa�a debe atreverse a contemplar, sosteniendo largamente la mirada sobre s� misma.