"El gol es lo de menos. Ahora mismo, lo único que quiero es coger la copa y estrujarla lo máximo posible. (...) Es el sueño de 47 millones de personas que hemos estado esta noche en el campo". Ferrán Torres desempató el marcador del España-Argentina en el minuto 106, un tanto que le sirvió a la selección para bordar la segunda estrella en su camiseta. Las declaraciones son de una entrevista con Dazn. El delantero valenciano volvió a poner lo colectivo por encima de lo invidual, una máxima que comparte casi todo el vestuario de La Roja. "No me achaco el mérito a mí individualmente. El mérito es de todo el equipo", respondió Unai Simón. El vasco venía de recoger el título del portero menos goleado de todo el Mundial. "Esto es de todos. Esto es de los 26", reivindicó un eufórico Pedro Porro. "Somos un ejemplo de grupo, de equipo, de familia", celebró el seleccionador Luis de la Fuente.PublicidadLa Roja tocó el cielo sin necesidad de una única estrella, una figura que monopolice los flashes y ponga cara al combinado. España no tuvo durante esta competición un Leo Messi, un Cristiano Ronaldo, un Erling Haaland o un Kylian Mbappé. Y tampoco le hizo falta. "El triunfo de la selección pone en evidencia las falacias del neoliberalismo, los discursos de que cada uno tiene que ir por su lado y luchar -egoístamente- contra los demás para alcanzar el éxito. España ha demostrado que todos dependemos de todos y nos necesitamos como colectivo para sacar adelante objetivos que, muchas veces, son comunes", precisa Raúl Sánchez García, sociólogo del Centro de Investigación en Ciencias del Deporte (CIDE) de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.La unidad del vestuario se trasladó paralelamente a las calles. El éxito del banquillo español hizo de pegamento para un país cada vez más polarizado y sumido en la -constante- trifulca política. "El fútbol genera una identidad transversal en la que se diluyen las diferencias sociales, ideológicas, políticas e incluso territoriales. El componente de pertenencia y sobre todo la victoria [del campeonato] repercuten de una manera u otra en la autoestima colectiva de todo el país", defiende Eduardo Bayón, politólogo y autor de Lucha de tribus: mitos y verdades de la batalla política y la radicalización identitaria entre la izquierda y la derecha (La Esfera de los Libros). El PP de Alberto Núñez Feijóo, sin embargo, ha intentado apropiarse de las hazañas de la selección desde que empezó el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos. Su líder llegó a manifestar que socios del Gobierno no querían que España ganara y la portavoz en el Congreso, Esther López, sugirió que Pedro Sánchez era gafe y que no debería acudir a la final. La "familia" frente al concepto de lo individualEspaña se impuso en el marcador con un gol de Ferrán Torres en el minuto 106. El culé rompió el empate a cero en la segunda parte de la prórroga, como hizo Andrés Iniesta hace dieciseis años en Johannesburgo (Sudáfrica). La Roja también era entonces "ejemplo" de unidad y supo abanderar el concepto de equipo, una cultura que no ha desaparecido casi dos décadas después. "España era una familia en 2010 y demostró que lo sigue siendo en 2026. La unión que transmiten [los jugadores] hace que no les importe quién marca, quién está en el once titular o quién se queda en el banquillo. El fútbol de superestrellas y focos mediáticos al que estamos acostumbrados hace que una selección que actúa unida sea prácticamente una excepción, hablamos de algo que conlleva muchísimo trabajo con los egos, pero que transmite una imagen fundamental para los niños, niñas y aficionados", considera Alba Adá Lameiras, profesora de periodismo deportivo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid."Lamine Yamal está llamado a ser un ídolo de masas y tenemos jugadores como Rodri que se han llevado -casi sin hacer ruido- el Balón de Oro del Mundial. Lo importante es que, aún así, prima el triunfo colectivo por encima del individualismo y de las viejas glorias que nutren a otras selecciones como las de Argentina, Portugal o Croacia. La moraleja que tenemos que sacar de aquí es que, frente al individualismo atroz y hegemónico, gana fuera la idea de una suma de éxitos y aportaciones individuales que benefician a todo el colectivo", continúa Eduardo Bayón. Raúl Sánchez García coincide con esta tesis, pero matiza: "El deporte implica siempre competir contra otros y por eso siempre va a suponer un refuerzo de la visión neoliberal, por mucho que algunos deportistas y equipos promuevan valores contra esta lógica".PublicidadLa Roja, reflejo de un país diverso y plurinacionalLa diversidad ha sido -destacan los expertos- otra de las claves del éxito de La Roja en este Mundial. El vestuario español se presenta como una suerte de metáfora del país al que representa, un país plurinacional en el que conviven 180 nacionalidades distintas. La población migrante equivale a un 14,6% del censo, según datos del INE. El porcentaje es prácticamente similar en la alineación que disputó la final de este domingo en Nueva York. El 11,5% de los convocados por Luis de la Fuente tienen raíces en Francia, Marruecos, Guinea Ecuatorial o Ghana. "La diversidad en el campo es otra muestra de los avances sociales y de lo que supone vivir en un mundo globalizado. España y el resto de selecciones mandan de esta forma un mensaje especialmente potente en el contexto internacional", sostiene Alba Adá Lameiras.El banquillo español cuenta además con jugadores de hasta nueve comunidades distintas: Catalunya, Euskadi, Navarra, Andalucía, Madrid, País Valencià, Canarias, Extremadura y Galicia. La plurinacionalidad está ampliamente representada. "Esto no solo es positivo, sino que ha servido para naturalizar -por ejemplo- que cada jugador saque la bandera de su comunidad sin que suponga un conflicto ni haga de menos los colores de la bandera de España. Lo mismo ocurre con el tema migratorio. La sociedad española sigue teniendo aficionados extremistas que ponen el grito en el cielo por ambas cuestiones y demuestran sesgos racistas sin ser muchas veces conscientes de ello, pero creo que -por lo general- tanto un fenómeno como el otro están [en una competición como el Mundial] bastante aceptados", insiste Raúl Sánchez García. En lo que no confían los expertos consultados por Público es en que la tregua de insultos y crispación en los estadios vaya a durar mucho más que la euforia colectiva por esta segunda Copa del Mundo.La comparativa con el Mundial de 2023A las dos estrellas del combinado masculino, tenemos que sumar la que consiguió en 2023 la selección femenina que -entonces- lideraban Alexia Putellas y Aitana Bonmatí. España se ha convertido en el primer país de la historia que consigue situar en lo más alto del podio y al mismo tiempo a sus dos equipos. Los titulares y la cobertura fueron sin embargo diferentes. "El Mundial femenino quedó eclipsado por todo lo que pasó en la celebración: la agresión sexual del entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) a Jenni Hermoso. La información pasó a ser extradeportiva. Lo que sí tienen en común ambos logros es que transmiten un mensaje súper importante de igualdad, calidad y unidad que no podemos pasar por alto. Esto es tremendamente significativo para las nuevas generaciones", sentencia Alba Adá Lameiras.PublicidadEl marcador del palco: Trump, Sánchez y ArgentinaDonald Trump ha intentado capitalizar el Mundial que ha coorganizado Estados Unidos junto a México y Canadá. El magnate entregó las medallas a los futbolistas tras la final. Y no contento con esta actuación, intentó colarse en la foto de España levantando el trofeo, pese a la insistencia de Rodri y del propio Gianni Infantino, presidente de la FIFA. El hecho de que la selección española resultase ganadora frente a Argentina tampoco ha pasado desapercibido, menos aún porque lo hizo ante el mandatario norteamericano, enemigo público -hasta hace unos días- de Pedro Sánchez. "El Mundial en términos geopolíticos ha sido un éxito total para la imagen exterior de España. Trump se mueve mucho por éxitos-fracasos simbólicos y no le conviene ponerse a malas con alguien que ha ganado la Copa del Mundo en el deporte más importante a nivel global", vaticina Raúl Sánchez. "No podemos ignorar el apoyo externo que ha tenido la selección española por el posicionamiento del país frente al genocidio en Palestina y su rechazo a las políticas de Trump", sostiene Eduardo Bayón. Y termina: "El hecho de que un torneo diseñado para gloria y fama de un magnate acabe con ese mismo hombre entregando un trofeo al país al que se dedica a criticar de manera recurrente también será interesante de analizar en el futuro".