Nadie mejor que Merino para personificar a la selección de De la Fuente. No es un equipo que juegue para un delantero porque no tiene a Messi, ni a Mbappé, ni a Haaland, ni a Kane. Las figuras que dan sentido al fútbol de España son Merino y también Olmo e incluso Cubarsí, futbolistas si se quiere más anónimos y sin los que es imposible acabar el álbum de cromos de una Copa del Mundo. El pie de Merino, el mismo que abatió a Portugal, acabó con Bélgica y situó a la Roja en el cruce de semifinales contra Francia. El 2-1 coronó a última hora un ejercicio sin fin de paciencia, perseverancia, fe, entrega y confianza para desespero de los Diablos Rojos. Ni la memoria ni la presión pesaron sobre un colectivo que respondió a la condición de favorito con una autoridad incuestionable en Los Ángeles.Todos los jugadores son importantes y ninguno parece imprescindible, ni siquiera Pedri, un volante universal, al que le cuesta calzar en la particular selección de De la Fuente. El azulgrana no acaba de encontrar su sitio desde que empezó el Mundial. La suplencia del tinerfeño no pareció por tanto un capricho del seleccionador, sino una decisión técnico-táctica, sobre todo si se toma como referencia el éxito en la Eurocopa de 2024, que no necesariamente se ajusta a los parámetros de la Liga y ni de la Champions. Fabián parece encajar mejor con Rodri y Olmo. No es una cuestión solo de juego, tampoco de posesión y creatividad, sino de verticalidad y de gol, como se vio en el 1-0. El andaluz, que no ha perdido un partido desde su debut en 2019, remató a la red una jugada acelerada por la profundidad de Lamine, rematada por Olmo después del centro de Porro y el rechazo de Courtois y definida por Fabián. Un tiro y un gol para confirmar la superioridad de España y castigar a la sufriente Bélgica.Rudi García montó un equipo híbrido, sin que se supiera muy bien quiénes eran los buenos y los malos, por más que formaran De Bruyne y Doku. Los Diablos Rojos se juntaron alrededor de Courtois y achicaron como pudieron hasta que encajaron el tanto de Fabián. Aguantaron también los mejores momentos de Lamine y se soltaron nada más pasar la divisoria cuando Castagne puso un centro desde la derecha para la cabeza de De Ketelaere. La altura del delantero centro se impuso a la cobertura de Cubarsí, vencido por la anticipación del rival, y acabó con la imbatibilidad de Unai Simón.A España, muy futbolera, le costaba acabar las jugadas; a Bélgica, especialmente efectiva, le alcanzó con una acción para el 1-1. A pesar de que medió el descanso, el gol enfrió al equipo de De la Fuente, hasta que recuperó su fútbol elaborado e hipnotizador, ya con Pedri, Ferran y Lukaku en la cancha, mientras Lamine quería y no podía. El sostenido ataque de la Roja se acababa antes de tiempo, cuando se imponía el último pase, el remate final a la portería de Lammens, sustituto de Courtois. Visto que nadie podía entrar a la portería con el balón pegado al pie, la solución fue un tiro de media distancia de Cubarsí que el meta no acertó a sujetar y propició el chut de Merino. Un gol liberador para un equipo sin egos, semifinalista por segunda vez de un Mundial y dispuesto ahora a discutir el cartel de número uno de Francia.
Uno para todos y todos para uno
El 2-1 de España coronó a última hora un ejercicio sin fin de paciencia, perseverancia, fe, entrega y confianza












