Ganó España. Ganó el fútbol. Ganó una identidad que fue construyéndose a lo largo de trece años. Esta identidad descansa en algunas individualidades, pero basa su poderío total en el rendimiento colectivo. Cuenta con estrellas que se elevan sobre el resto —Pau Cubarsí y Rodrigo Hernández (Rodri), por ejemplo—, cuyo brillo no sería posible sin el apoyo de cada compañero, tanto de la formación titular como de los que entran al cambio para sostener esa máquina sin fisuras que es la selección española, inspirada en la ideología futbolística de un maestro: Luis de la Fuente. Tan armonioso es el funcionamiento de esta España campeona universal del balompié que las sustituciones no se sufren, sino que se complementan con acierto. Por ejemplo, Pedro Porro debió asumir la titularidad en lugar de Marcos Llorente y se quedó con el puesto por su regularidad en la marca y su gran proyección ofensiva. Pedri fue siempre el dueño de la posición de volante ofensivo y creador de juego. Cuando la línea de volantes requirió un mayor aporte en la marca, De la Fuente llamó a Fabián Ruiz. La decisión fue eminentemente táctica: el seleccionador buscó un centro del campo con mayor equilibrio físico y recorrido. Además, Fabián respondió con un gran rendimiento, incluso marcando frente a Bélgica, lo que le permitió conservar el puesto para las semifinales y la final. PublicidadLa difícil tarea creativa fue asumida con gran brillantez por Rodri, un volante central completo que ayuda en la contención, inicia los ataques, reparte juego y siempre está cerca de sus artilleros en el área contraria. Nunca llegó al torneo auspiciado por una prensa mercenaria que lo proclamara “el mejor 5 del mundo”: fue, simplemente, el mediocampista del Manchester City. Rodri ganó el Balón de Oro 2024 y fue reconocido por una extraordinaria temporada 2023-2024, en la que conquistó la Premier League con su club. Figura de la España campeona de la Eurocopa 2024, resultó elegido mejor jugador de ese torneo superando en la votación a Vinícius Júnior y Jude Bellingham. Hoy, Rodri es campeón mundial de 2026 con España y ha sumado otra gran distinción a su destacada carrera al ser elegido Balón de Oro del Mundial como el mejor futbolista del certamen.Otra muestra de la calidad del plantel escogido por Luis de la Fuente —en España la selección no es la vitrina de un club para negociar jugadores— fue el aporte de Álex Baena, jugador del Atlético de Madrid. El titular como extremo zurdo era Nico Williams, del Athletic Club, quien sufrió molestias físicas durante el campeonato. De la Fuente optó por Baena para formar un ataque junto a Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Este cambio respondió a una decisión técnica: Baena aportaba mayor capacidad para asociarse con Dani Olmo y Fabián Ruiz, además de una excelente ejecución a balón parado y un mayor equilibrio en la presión. Tras rendir a gran nivel, mantuvo la titularidad hasta la final frente a Argentina.PublicidadPublicidadPara la mayor parte de la prensa seria que cubrió el torneo, el principal argumento futbolístico de España durante el Mundial fue su mediocampo. El trío formado por Dani Olmo, Rodri y Fabián Ruiz le dio al equipo equilibrio, posesión, inteligencia táctica y capacidad para dominar el ritmo de los partidos. Cada uno cumplía una función muy definida: Rodri era el eje del equipo, recuperaba balones, iniciaba la salida desde atrás y administraba el tempo del juego; Fabián Ruiz aportaba recorrido y llegada al área, actuando como el enlace entre el pivote y los atacantes; Dani Olmo era el futbolista más creativo de la zona medular. Este último se movía entre líneas, aparecía detrás del delantero, se asociaba con Lamine Yamal y Álex Baena, y encontraba espacios donde otros no los veían. La movilidad de los volantes mencionados dificultaba enormemente la marca rival. Mientras ellos manejaron la pelota, España gobernó los partidos. Un diario hispano lo resumió así: “La complementariedad era casi perfecta: Rodri sostenía, Fabián organizaba y Olmo desequilibraba”. Y, finalmente, vamos a la mejor línea defensiva de la Copa del Mundo (no confundirla con otra que regresó muy temprano). Si el mediocampo fue el cerebro de España, la zaga fue su muralla. Siete partidos y apenas un gol recibido: una cifra extraordinaria que revela disciplina táctica, concentración permanente y un funcionamiento colectivo casi perfecto. Cubarsí, con 19 años, fue elegido el mejor jugador joven de la Copa y bien pudo aspirar a ser el mejor jugador de todo el Mundial. Pedro Porro fue un lateral de vocación ofensiva: incansable para recorrer la banda, aportó profundidad, velocidad y precisión en los centros, sin descuidar el repliegue. Aymeric Laporte —nacido en Francia— es muy técnico y elegante con el balón, y posee una capacidad poco común para iniciar ataques desde el fondo. Marc Cucurella fue el equilibrio del sistema defensivo: intensísimo en la marca, agresivo para presionar y constante en sus incorporaciones ofensivas. Su despliegue físico le permitió aparecer en ambas áreas durante todo el campeonato. Detrás de estos defensores apareció una pieza decisiva: Unai Simón fue el último bastión del equipo. Seguro por arriba, ágil en los mano a mano y cada vez más confiable con los pies, transmitió tranquilidad a sus defensores. Sus intervenciones en los momentos críticos consolidaron la sensación de que España era un equipo muy difícil de vencer.De Argentina no se puede decir mucho. No compitió en la final; pareció apostar a los penales desde el primer movimiento del balón. Después de la derrota se ha hablado de cansancio, una excusa difícil de aceptar en superprofesionales que han jugado ocho partidos en 39 días. Los basquetbolistas de la NBA juegan hasta tres o cuatro veces por semana con un desgaste físico y lesiones parecidos a los de los futbolistas, y jamás se ha escuchado hablar de cansancio. Un Grand Slam en tenis obliga a disputar partidos al mejor de cinco sets cada 48 horas durante 15 días. Un encuentro puede durar más de cinco horas con la obligación de jugar, dos días después, otro choque de tres o cuatro horas, y así hasta el final del torneo.PublicidadArgentina jugó con un solo delantero, Julián Álvarez, obligado a presionar en solitario la salida de un equipo muy diestro y seguro. Apostó por un mediocampo de cuatro hombres que nunca consiguió adueñarse del partido. La jerarquía individual de sus volantes no se transformó en funcionamiento colectivo: faltó elaboración, faltó pausa y, sobre todo, faltó la capacidad para quitarle la pelota a una España que convirtió la posesión en un arma de dominio.El equipo argentino terminó partido; obligado a correr detrás de un rival que manejaba los tiempos con la precisión de un reloj y dependiente de los destellos de un Messi casi desentendido de la final. Sus volantes lucharon más de lo que jugaron, recuperaron menos de lo que necesitaban y crearon poco para una selección acostumbrada a competir desde el control del balón. Los dioses del fútbol premiaron al mejor y evitaron el azar de los penales, en los que el que renunció a jugar podía llevarse la Copa. Una despedida muy triste para el mejor jugador del mundo, cuyas lágrimas conmovieron a todo el planeta, menos a los mexicanos. (O)
España, otra vez una sinfonía perfecta; Argentina, una obra inconclusa
El nuevo campeón mundial basa su poderío en el rendimiento colectivo. Triste adiós para Lionel Messi, el mejor jugador del mundo.










