España y Argentina. La final de las finales. A un lado, la selección que mejor fútbol ha ofrecido en el Mundial, incluyendo una exhibición histórica en las semifinales ante la todopoderosa Francia. Al otro, una máquina de competir que compensa sus lagunas de juego con un cóctel letal de dos ingredientes: el mejor jugador de la historia (a sus 39 años) y la firme convicción de un grupo de soldados. Los argentinos están convencidos de que la Copa les pertenece, de que está escrito. Son espartanos y solo tienen un objetivo. Entregarle la segunda a Leo. La Selección Española, por su parte, tiene al fútbol de su lado. No es poca cosa. Una fuerza imparable choca con un objeto inamovible. El resultado se verá en Nueva York, a partir de las 21:00 del próximo domingo. Por si el morbo no fuera suficiente en un partido casi inexplorado —solo se han enfrentado en competición oficial en el Mundial de 1966, con victoria 2-1 para los sudamericanos en fase de grupos—, quien levante la Copa del Mundo también se coronará como claro dominador del siglo XXI. Sea cual sea, será la única selección en haber ganado dos Mundiales desde los 2000. Unido a los éxitos continentales —tres Eurocopas, dos Ligas de Naciones para España; dos Copas de América para Argentina—, su fútbol se impondrá como hegemónico. En el caso de la Selección Española, le otorgaría un estatus histórico que se le ha negado a nivel internacional pese a su evidente superioridad en el fútbol de clubes. TE PUEDE INTERESAR Ya no hay traumas. No hay tiritas por los cuartos y el drama de siempre. Las nuevas generaciones conocieron a una Selección ganadora y, ahora, España llega como favorita a la final del Mundial. Solo contra Francia partía por detrás y el partido habla por sí solo. Decía Luis de la Fuente que eso del "favoritismo" no es real, que es cosa de los medios de comunicación y que es irrelevante. No le falta razón en algo: la historia solo entiende de victorias y dan igual los pronósticos. Cuando hay fútbol, no vale el relato Existe ese otro fútbol y negarlo es absurdo. Hay equipos con mística, que cuando no existen los argumentos futbolísticos, renacen de sus cenizas para intentarlo una vez más. Argentina lo es. Solo así se explica su capacidad para haber remontado tanto y con tal corazón. Nueve de los once goles que han marcado en eliminatorias llegaron a partir del minuto 75. Thomas Tuchel tiene responsabilidad en lo que sucedió con Inglaterra, pero fueron los futbolistas argentinos los que, ante un conjunto superior línea por línea, se volcaron durante más de media hora. Se cuentan con los dedos de una mano los futbolistas argentinos que estuvieron en Qatar y que, cuatro años después, viven un mejor momento. Dos de sus piezas esenciales —el propio Messi y De Paul— dijeron adiós a la élite para refugiarse en un destino exótico como Miami, lo cual les ha permitido dosificar, medir fuerzas y llegar a la cita mundialista frescos. Está el caso de Nahuel Molina, titular, que, en su club, el Atlético de Madrid, apenas tiene minutos por la competencia con Marcos Llorente, al que Pedro Porro ha desplazado a la suplencia. TE PUEDE INTERESAR Puesto por puesto, España está por delante. Su juego colectivo ha ido de menos a más desde aquel tropiezo contra Cabo Verde. La Selección no pasó del empate ante los africanos, pese a que la estadística avanzada confirmase que debería haber marcado al menos dos goles (2,3 xG). Lo que pareció un mal presagio se convirtió en accidente. A medida que las rondas, y los rivales, iban subiendo de nivel; las estrellas españolas encontraron su hueco. Rodrigo volvió a brillar como atesora su Balón de Oro, la pareja de centrales se convirtió en la más fiable del campeonato, Dani Olmo se confirmó como el ansiado mediapunta que necesitaba el equipo y, pese a no gozar de números increíbles, Lamine Yamal abrazó su papel en el fútbol comunitario que propone De la Fuente. El gol de Pedro Porro ante Francia fue la culminación de un modelo: 19 pases (solo Oyarzabal y Cubarsí no interfirieron directamente en la jugada) a lo largo de un minuto de posesión que terminó con el lateral, sin oposición alguna, batiendo a Maignan. No había relato, solo fútbol. Además, la defensa española se ha consolidado como la mejor del campeonato. España no solo coacciona al rival a realizar pocas ocasiones, es que dichas jugadas tiendan a ser forzadas y lejos de la zona de peligro. Solo se ha encajado un tanto en todo el Mundial —De Ketelaere, en el 2-1 contra Bélgica— y, de mantener este registro en la final, pasará a la historia como la ganadora de un Mundial más inexpugnable hasta la fecha. Todo ello en la competición que más partidos y rondas ha disputado jamás. Messi, un icono global. (Reuters/Maxim Shemetov) Argentina se ve campeona, se aferra al orgullo, a ese cancherismo —de momento, permitido por los polémicos arbitrajes de la FIFA— para desestabilizar a España y conquistar su segundo Mundial consecutivo, algo que no sucede desde 1962, cuando Brasil levantó la copa tras hacerlo en el 58. Una eminencia del deporte argentino, Manu Ginóbili, ya explicó el problema de esta teoría en una derrota defendiendo la camiseta de la selección de baloncesto: "Eso pasa habitualmente en nuestro país, que pensamos que todo se gana con huevos y no: se gana jugando bien. Después le tenés que agregar huevos y coraje". Leo Messi, un apetito voraz e insaciable, y una tropa espartana se oponen a la segunda estrella española. Los argumentos de la Selección son menos épicos, pero más fiables. Las horas van a pasar muy lentas hasta la noche del domingo. España y Argentina. La final de las finales. A un lado, la selección que mejor fútbol ha ofrecido en el Mundial, incluyendo una exhibición histórica en las semifinales ante la todopoderosa Francia. Al otro, una máquina de competir que compensa sus lagunas de juego con un cóctel letal de dos ingredientes: el mejor jugador de la historia (a sus 39 años) y la firme convicción de un grupo de soldados. Los argentinos están convencidos de que la Copa les pertenece, de que está escrito. Son espartanos y solo tienen un objetivo. Entregarle la segunda a Leo. La Selección Española, por su parte, tiene al fútbol de su lado. No es poca cosa. Una fuerza imparable choca con un objeto inamovible. El resultado se verá en Nueva York, a partir de las 21:00 del próximo domingo.
El Mundial, cancherismo y relato: la hegemonía del fútbol en el siglo XXI se decide en Nueva York
España y Argentina se disputan ser el primer equipo en ganar dos Copas del Mundo en lo que va de siglo. El fútbol favorece al conjunto de De la Fuente, pero Messi y compañía son una máquina de competir










