Cartas desde el subsueloHace 30 a�os todav�a �ramos un poco Puerto Hurraco. Hoy nos hab�is sacudido algunos traumas y hemos ensanchado un poquito la autoestima nacionalActualizado S�bado,

julio

00:02Os escribe una persona que solo entiende el f�tbol desde la periferia. No me refiero a que est� tecleando en una cafeter�a de Parla, sino a que lo observo desde la galaxia de la abstracci�n, aunque, de vez en cuando, cruzo al otro lado del campo y saco la lupa para contemplar el destello fugaz, explosivo como un pase de Leo Messi. Aun as�, pese a los fallidos intentos de ex novios futboleros por ilustrarme, morir� sin saber qu� es un fuera de juego.Lo que s� s� es que las camisetas t�cnicas oficiales son el�must�de cualquier cadena textil esta temporada, y que los calcetines, estirados hasta rozar las rodillas son sexis. Ah� s� que me han dado. El�Waka Waka dichoso. Manolo el del Bombo. Los besos entre Sara e Iker. Mi carpeta mental adolescente, calenturienta, forrada con un�mix�de buenorros con gemelos de piedra. Y ahora tambi�n los zapatos secci�n de caballero que luc�a el Rey Felipe viendo la semifinal en un hotel barcelon�s con aspecto de tanatorio.Hoy he reconocido vuestros rostros sobreimpresos en la etiqueta de un bote de mayonesa, pero confesar� que apenas me sonaban. Un partido es, para m�, una excusa transversal para comer gildas y tortilla de patatas con las figuras desenfocadas en segundo plano. Y, sin embargo, incluso a quienes el f�tbol no nos importa en absoluto acaba import�ndonos por un motivo u otro. El f�tbol es, entre otras cosas, el estado elemental de un pa�s. Incluso de quienes vivimos en la galaxia de la abstracci�n.Eso debieron de sentir alemanes e ingleses cuando decidieron suspender las asperezas b�licas en la famosa Tregua de Navidad de la Primera Guerra Mundial: intercambiaron lo que ten�an a mano -golosinas, cigarrillos- y tambi�n patadas al bal�n para sellar un breve alivio en las trincheras, como quien reinicia el mundo durante un rato.Tiene el f�tbol algo de cosmogon�a. Lo atraviesa de punta a punta; quiz� por eso funciona tan bien como met�fora molecular: siempre andamos con algo entre los pies, viviendo a trompicones, intentando que los dem�s no nos la cuelen por la escuadra. La defensa y el ataque permanente. El f�tbol es tan b�sico como una camisa blanca en el fondo de armario: siempre necesaria y oportuna. Geometr�a vertical tratando de controlar una superficie esf�rica y resbaladiza que amenaza con escaparse. Cada ma�ana que me levanto, como vosotros, tengo la vida pendiente en el hueco de mis tobillos.Tambi�n los pa�ses. El f�tbol capta hasta nuestro estado de �nimo. Y acaba pareci�ndose a nosotros. Hace 30 a�os, todav�a �ramos un poco Puerto Hurraco; ten�amos a la Espa�a negra atragantada en el pecho, como un par�sito infectando a su hu�sped. Sal�amos a perder, acomplejados, con la derrota se�alada de antemano. El pobre Ortega y Gasset -cuya vigencia va y viene como el pantal�n pitillo- hablaba de la Espa�a invertebrada, incapaz de sostener una columna firme. Quiz� siga teniendo raz�n y nuestra estructura �sea contin�e siendo raqu�tica, pero parece que en los �ltimos tiempos hemos desarrollado algo de musculatura con ayuda de suplementos. Nos hab�is sacudido algunos traumas y hemos ensanchado un poquito la autoestima nacional. O, al menos, los disimulamos mucho mejor.Salid a por todas, dejadles sin rayas celestes. Se despide una mujer a cuadros.