Yo, mexicano de nacimiento, nunca he llorado un gol de España, ni he temblado al arrancar un partido de la Roja como lo hago con cada encuentro del Tri (la selección mexicana de fútbol). Incluso tras 11 años aquí viviendo y tras naturalizarme, me cuesta. Creo que son cosas que integramos desde muy pequeños y que son difíciles de desarrollar. A veces me preocupa no poder ser así de español, pero me levanto todas las mañanas y escucho los informativos, leo los periódicos, y hablo con personas que me ayudan a entender más y mejor. En el sentido amplio de la palabra, me siento profundamente de aquí. Me preocupo por España y quiero que le vaya bien, aún sin la sangre, ni ninguna de esas cosas que “lo demuestren a priori”.Andrés Martínez Escartín. MadridCinco niñosDulce y Herminio, junto a sus cinco hijos menores de edad (uno de ellos con síndrome de Down), han sido expulsados de una “vivienda pública” de la Comunidad de Madrid, pese a la oposición del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas. Supongo que si Dulce y Herminio hubieran tenido, en lugar de cinco hijos vivos, cinco concebidos no nacidos, no sólo no se habrían vistos expulsados de su hogar, sino que la benemérita Comunidad de Madrid les habría otorgado otras prestaciones.Eduardo Merino Merchán. Madrid Gracias de corazónMi hija Amanda nació hace 13 años con fibrosis quística. Este tiempo de cuidados extremos lo hemos vivido con una enorme angustia e incertidumbre. Han sido años de visitas a urgencias, rituales diarios de ejercicios respiratorios y ausencias escolares con el consiguiente refuerzo en casa. Mi hija comenzó hace dos meses un nuevo tratamiento en el Hospital 12 de Octubre que, aunque no la cura, le ha devuelto una calidad de vida como la de cualquier niña de su edad. Solo las pastillas que toma en un mes cuestan 18.000 euros, y sí, las financia la sanidad pública. Lo pagamos usted y yo. Gracias de corazón a todos los ciudadanos que pagan sus impuestos en España, mi reconocimiento a su empatía y solidaridad.Antonio Pamos de la Hoz. MadridCalor sin treguaAunque vivo en el piso de mi pareja en Sevilla, mi casa en propiedad la tengo en un pueblo de la sierra de Huelva. Tenemos la suerte, como pareja, de poder de gozar de las bondades de una y otra vida, la urbana y la rural. Todo llevaría a pensar que ahora, en verano, habríamos cogido ya el petate para emigrar al frescor de la sierra, cuyos cinco grados menos de temperatura respecto a la capital hispalense saben a salvación cuando los termómetros superan los cuarenta. Pues no: las elevadas temperaturas no dan tregua tampoco en las casas del pueblo. Y es que, además, su ayuntamiento no permite instalar aire acondicionado en las viviendas del casco histórico, por un tema de estética patrimonial, dicen, ni camuflado en un falso balcón. Si hay que desfallecer asfixiados, en definitiva, que sea envueltos en la belleza ancestral de la teja y la cal. O si no, a quedarse en la urbe con climatización central.Mónica Rodríguez. Sevilla
La inquietud de un lector ante la final del Mundial: “Me preocupa no poder ser así de español”
La identidad como migrante, los desahucios, el aporte ciudadano para la sanidad y las formas de paliar el calor; son algunas de las reflexiones en el buzón del director














