Actualizado 19/07/2026 - 15:12h.

Últimamente os estáis perdiendo muchas cosas de mi vida. Y no porque seáis malos padres; al contrario, sois los mejores. Me habéis dado las alas necesarias para volar. Pero esta vez lo que nos estamos perdiendo juntos no es cualquier cosa, sino la final de ... un Mundial. Recuerdo la de 2010. Tampoco estaba en España para vivirla; por aquel entonces tocaba el viaje familiar. Recuerdo a mi hermano, que era un adolescente, y a mi padre gritando sin parar delante de la televisión. Yo, que apenas era una niña, no entendía por qué aquello era tan importante. Nunca pensé que volvería a vivir otra final. Y mucho menos con la «desgracia» de que me pillara, otra vez, lejos de casa. Pero tranquilos. Esta semana solo he hablado en español. Mis jefes ya saben que, si me preguntan algo, probablemente les responderé en español, y hasta les hace gracia. Como buenos españoles, tenemos mil grupos de WhatsApp, pero todos han llegado al mismo acuerdo: reunirnos frente a una pantalla gigante para ver el partido juntos. Creo que no hay nada más español que convertir cualquier rincón del mundo en un pedazo de casa. Queridos mamá y papá, os echo de menos. Me encantaría vivir esta final abrazada a vosotros, pero, mientras tanto, aquí, a miles de kilómetros de casa, hemos vuelto a demostrar que un español nunca está del todo lejos: siempre encuentra otra familia con la que cantar un gol. Ana Martín Vázquez