27/07/2026 a las 01:14h.

Tras la victoria en el Mundial de Fútbol de la selección española han sido muchas las alabanzas al combinado nacional y al poder del equipo —«el mejor equipo enfrentado a las mejores selecciones»—. Y también ha habido comentarios que han ido más allá y que, ... con mucho tino, han enfatizado que el triunfo es síntoma de algo más importante. De estos, el que más eco ha tenido ha sido probablemente el de hace unos días en el New York Times. El buen comportamiento de la economía, el atractivo de nuestras ciudades y la pujanza de nuestra cultura, pero con un enorme pero: los españoles no son capaces de reconocerlo. Algunos de estos análisis vuelven al fatalismo español y a nuestra incapacidad para ver las cosas que van bien —«son la nación más grande del mundo, llevan más de cien años tratándose de destruir y ahí siguen»— y otros, quizás más cercanos, se centran en el tremendo malestar que provoca la política. No importa mucho si el problema de percepción se debe más a la sucesión de pifias que empezaron con Fernando VII o al cabreo generalizado por los desmanes de la banda de Sánchez. La cosa es que desde fuera nos ven mucho mejor de como nos vemos aquí y eso, lógicamente, tiene sus repercusiones en las decisiones de inversión.