Muchos comentaristas han glosado ya la ejemplaridad de la selección de fútbol. En contraste con una política polarizada y degradante que trufa con insultos las discusiones (“mamarracho”), la selección acoge a jugadores que forman parte de equipos rivales pero que se han hermanado en la selección sacrificando los egos y trabajando unidos por el bien del equipo.En contraste con la creciente intolerancia contra personas de origen africano, musulmán o simplemente extranjeros, la selección ha ofrecido una síntesis muy cordial de procedencias, en la que brillan los jugadores de color.Padres que se oponen a la severidad escolar, aceptan el rigor de las escuelas de fútbolEn contraste con las tensiones territoriales, desbordadas en los años del procés, la selección ha contado con una mayoría de catalanes que, sumados a vascos, navarros, andaluces, valencianos, madrileños, gallego o extremeño, han puesto en valor la visión multipolar de España. Una multipolaridad que la fuerza creciente de la región de Madrid está eliminando de facto, mientras se diluye el legado de los padres de la Constitución, que pactaron la unidad en la diferencia (por lo que diferenciaron entre “nacionalidades” y “regiones”).Se ha subrayado, también, el éxito de la academia barcelonista, visible no sólo en la alta nómina de jugadores azulgranas en la selección, sino sobre todo en una idea del juego basada en el control del balón que, en una línea que nace con Cruyff, se profundiza con Guardiola y se estiliza con Luis Enrique, se convirtió en carné de identidad de La Masia, la escuela de fútbol del Barça. Paralelamente, los entrenadores Aragonés y Del Bosque contribuyeron a acercar este estilo a la selección (Mundial de Sudáfrica 2010). Por decantación natural, el sistema basado en el control del balón se generalizó en otras muchas escuelas de equipos españoles hasta convertirse en el sello del fútbol hispánico. Jugadores y entrenadores españoles triunfan en el extranjero con esta bandera. Una marca de prestigio y éxito que la selección de Luis de la Fuente ha reafirmado. Àlex GarciaSon muchos los valores positivos que la victoria futbolística de España encarna, pero también los hay inquietantes. El fomento futbolístico del nacionalismo banal. Eso es: que los emotivos logros del fútbol vehiculen un nacionalismo español que barre la diferencia hasta reducirla a mera anécdota decorativa. Hay muchos jugadores catalanes en la selección, sí, pero el fútbol, al jugarse con los pies, no puede tener en cuenta el factor más importante del pleito territorial hispánico, el factor lingüístico, que queda, por tanto, fuera del simbolismo de la selección.Cabe recordar, en este sentido, que la cuestión lingüística no ha dejado de ser polémica desde los primeros años de democracia; y que el nacionalismo español (disfrazado de paladín de los derechos individuales) se ha fortalecido atacando al catalanismo por la inmersión escolar y la protección ecológica de la lengua catalana. Pese a tantas discusiones y procesos judiciales, la realidad lingüística de estos años deja un panorama desolador: la lengua catalana es recesiva en la calle, muy deficiente en el cine y en las redes, decadente en el teatro, inexistente en la justicia y cada vez más excluida de sanidad, comercios, restaurantes y servicios. El nacionalismo banal quefabrica la selección de fútbol, al hacer elipsis de la cuestión lingüística, simplifica la realidad plural de España o ayuda a eliminarla.Unas líneas finales para relativizar el tamaño del gran triunfo del fútbol. En pocas décadas, hemos pasado de la “furia española”, un fútbol mediocre, a los logros mundiales de nuestras academias de fútbol. España podría haber dado ese mismo salto en campos como la cultura del agua, la gestión de los bosques, la lectura, las nuevas tecnologías, la biología o la ciencia en general.Muchos padres sobreprotegen a sus hijos oponiéndose a la severidad escolar, pero aceptan con agrado la durísima exigencia de las escuelas de fútbol. Mientras empeora a ojos vistas la salud del sistema escolar, en cada pueblo, en cada barrio existen voluntarios, entrenadores, ayudantes, técnicos e instalaciones deportivas que funcionan de maravilla. Nuestras universidades, institutos y escuelas son mediocres, pero nuestro fútbol es excelente. Hemos dado un salto enorme: somos campeones. Pero sólo en fútbol.
Sobre el éxito del fútbol, por Antoni Puigverd
Muchos comentaristas han glosado ya la ejemplaridad de la selección de fútbol. En contraste con una política polarizada y degradante que trufa con insultos las discusiones (“mamarracho”), la selección acoge a jugadores que forman parte de equipos rivales pero que se han...















