La contención y la claridad con la que Lamine Yamal contestó a los comentarios racistas de Mariano Rajoy dicen mucho del joven de 19 años recién cumplidos en contraste con la zafiedad de un político con décadas de experiencia en la vida pública. También, y ojalá, de lo que es España hoy más allá de la guerra partidista continua que entretiene a políticos, periodistas (por desgracia) y una minoría de la población.

Lamine Yamal habló de lo mejor que puede representar el fútbol. Él se refirió a la integración, que al fin y al cabo significa ser parte de un mismo equipo, que acoge la diversidad y a la vez busca la acción colectiva en una dirección. De hecho, según coinciden los que saben de fútbol, la clave del éxito del equipo español es la cohesión del equipo y la fuerza de la suma de jugadores más que de unas pocas estrellas, como, en cambio, le pasa a Francia. Sin desmerecer “la magia que sale de las botas de Lamine Yamal o la creatividad de Dani Olmo”, escribe el reportero de The Guardian en su crónica del último partido, “la clave es que el juego colectivo eclipsó el talento individual de Francia”. O, como escribe nuestro querido José Precedo en este periódico, “la orquesta se impuso a los solistas”.