Una vez terminada la final del Mundial con la victoria de la selección española, tres jugadores de la Roja se fotografiaron juntos: Mikel Merino, Martin Zubimendi y Mikel Oyarzábal. Dos de ellos -Oyarzabal y Merino- aportaron siete de los 14 goles de la selección española. Pero ese no era el motivo de la foto. Consistía en que Merino y Zubimendi habían militado en la Real Sociedad de San Sebastián con Oyarzabal, hoy su capitán. La foto tuvo un lugar privilegiado en la prensa guipuzcoana. Lo mismo que las palabras de Oyarzabal, principal goleador de la Roja, calificando de “histórico” el triunfo de la selección.Oyarzabal, como sus compañeros, han seguido la pauta marcada por su seleccionador, Luis de la Fuente, ex jugador del Athletic de Bilbao, al enfatizar el trabajo en equipo como motivo del éxito. La Roja ha seducido en Euskadi, como en toda España, además de por su juego, por protagonizar lo colectivo sobre las estrellas individuales, por su convivencia, civismo y por su capacidad de integrar a 26 futbolistas de orígenes dispares y de once comunidades autónomas: nueve catalanes, tres vascos, dos navarros, dos canarios, dos valencianos, un andaluz, un gallego…La empatía hacia la Roja se ha trasladado a las calles vascas. Los espectaculares niveles de su audiencia televisiva lo revelan. Ha sido normal ver a jóvenes vascos transitar por las calles con la camiseta de la Roja y a otros con la camiseta de la Real Sociedad o una ikurriña y la cara pintada con el rojo y amarillo en homenaje a la selección en una Gipuzkoa de voto mayoritariamente nacionalista. Esta normalidad era impensable hace años donde existía un estigma hacia lo español y un temor a expresar que en Euskadi son mayoría quienes compatibilizan sus sentimientos identitarios vascos y españoles. El atractivo de la Roja, con el comportamiento ejemplar de sus cinco figuras vasco-navarras, lo ha facilitado.Esta realidad ha tenido su cara amarga. Ha habido insultos y agresiones contra simpatizantes de la Roja, los más graves en Bilbao y Vitoria, por grupos minoritarios del nacionalismo radical que pretendieron boicotear la emisión de la final en pantallas gigantes. Aunque el terrorismo desapareció de Euskadi hace quince años, quedan rescoldos de odio en minorías que siguen alentando el rechazo violento a lo español, que pretenden impedir que Euskadi camine hacia la plena normalidad. Las instituciones políticas deben abordar este reto minoritario para impedir que crezca.Pero, a diferencia del pasado, cabe resaltar que EH-Bildu rechazó las agresiones a los seguidores de la selección española a la par que reivindicó la vasca por “vías pacíficas”. El Gobierno vasco de coalición PNV-PSE fue contundente. Condenó los ataques violentos “por ser incompatibles con los valores de respeto y convivencia que definen a nuestro país”. Estos acontecimientos han confirmado el rechazo unánime de los partidos vascos, incluido EH-Bildu, de la violencia, lo que supone un cambio decisivo si se mira hacia atrás.No obstante, en Euskadi queda aún recorrido. El lehendakari Pradales no estuvo al nivel de la empatía existente en las calles vascas hacia la Roja, cuando se limitó a decir que es “de la selección vasca y punto”. Como lehendakari de todos los vascos debía haber reconocido los valores de la Roja de trabajo colectivo, de civismo, de integración, que ha superado las identidades. La Roja ha representado valores universales a resaltar mientras el lehendakari se ha quedado en el discurso identitario y defensivo lo mismo que el nacionalismo español que recela de la actual selección. Fue aún peor el comportamiento del alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, al negarse a colocar una pantalla gigante en la capital vizcaína, a diferencia de los alcaldes de Vitoria y San Sebastián.Pradales ha actuado como militante del PNV, que se ha desmarcado de la Roja durante el Mundial y participado en los actos reivindicativos de la oficialidad de la selección vasca de fútbol frente al éxito de la española. Mejor comportamiento ha tenido Jagoba Arrasate, seleccionador de la vasca, que ha reconocido el apoyo vasco a la Roja y ha resaltado que “pelearnos por estas cosas no es el camino adecuado”.La coincidencia del PNV y EH-Bildu en la campaña por la selección vasca es otro paso en el acercamiento de ambos partidos en el terreno identitario. Lo han hecho con la reforma de la Ley de Empleo Público en Euskadi, que ha supuesto un grave desacuerdo peneuvista con su socio de gobierno, el PSE-PSOE, que la considera excluyente con el tratamiento del euskera. Y con la resurrección del “derecho a decidir de la nación vasca”, propia del lehendakari Ibarretxe, aprovechando el 150 aniversario de la abolición de los fueros.El mayor peso de la organización guipuzcoana del PNV, la más nacionalista, en la dirección del partido que lidera Aitor Esteban explica parcialmente este cambio. Pero, también, y, sobre todo, la posibilidad de un futuro gobierno PP-Vox. El riesgo de radicalización nacionalista vasca se apunta en el horizonte ante esta hipótesis. Ejemplos de convivencia como el de la Roja debían extenderse al terreno político.
Euskadi: La Roja entusiasmó en la calle, no en la política
La empatía hacia la Roja se ha trasladado al espacio público vasco, y los espectaculares niveles de su audiencia televisiva revelan el interés, pero esta realidad ha tenido su cara amarga con insultos y agresiones contra simpatizantes de la selección








