21/07/2026 06:00 Actualizado a 21/07/2026 07:17 Hay quien querría que siguiera hablando eternamente del pasado, hay quien querría darlo por liquidado antes de tiempo. Ninguna de las dos actitudes sirve.La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea representa un paso importante. No para que resuelva el conflicto político entre Catalunya y el Estado, sino porque recuerda una idea fundamental: los grandes conflictos políticos solo pueden encontrar una respuesta estable desde la política y la democracia, nunca desde la represión.Con derechos políticos pendientes de restitución no puede haber plena normalidad democráticaEs una lección que trasciende el caso catalán. La fortaleza de una democracia no se mide por su capacidad de evitar los conflictos, sino por la manera como los afronta. Las democracias maduras no judicializan discrepancias; las debaten, las negocian y las resuelven políticamente.La ley de amnistía fue una decisión profundamente democrática. El legislador asumió que un conflicto político no podía seguir gestionándose exclusivamente desde el derecho penal. El Tribunal Constitucional lo ha avalado, el TJUE ha reforzado los cimientos jurídicos. Ahora solo falta que la ley se aplique íntegramente.No puede haber plena normalidad democrática mientras haya derechos políticos pendientes de restitución. No es una cuestión personal ni identitaria, es una exigencia democrática. Los derechos no dejan de ser derechos porque afecten a aquellos con quienes discrepamos. La amnistía no es el punto de llegada. Es el punto de partida.La política no existe solo para administrar los desacuerdos del pasado. Existe para construir los acuerdos del futuro, volver a ofrecer horizontes compartidos y preparar el país ante los grandes retos de nuestro tiempo.Vivimos un cambio de época. Europa afronta desafíos tecnológicos, económicos, climáticos y geopolíticos de una magnitud extraordinaria. También nosotros tenemos que decidir qué país queremos ser, como reforzamos nuestras instituciones, protegemos la lengua, generamos prosperidad y ampliamos nuestra capacidad de decidir.Es desde esta mirada que hay que entender también las decisiones políticas del presente. La continuidad de la legislatura no se basa en la confianza ciega ni en el entusiasmo. Se basa en la responsabilidad democrática, que no consiste en mirar para otro lado ante los casos de corrupción. Consiste en entender que, en política, también hay que valorar las consecuencias de cada decisión y saber escoger entre alternativas imperfectas. Hoy la peor irresponsabilidad sería abrir la puerta a una involución democrática, territorial y social que pusiera en riesgo los avances alcanzados e hiciera retroceder, una vez más, la política ante la imposición.Aguantar una legislatura no es dar un cheque en blanco a nadie. Es aprovechar hasta el último espacio de negociación para culminar decisiones estratégicas que Catalunya hace demasiados años que espera: el despliegue completo de la amnistía, la nueva financiación, la condonación de la deuda ilegítima del FLA, el control de las inversiones del Estado, o una mayor capacidad de decisión.Este es el debate que hoy merece Catalunya. No un debate instalado en el resentimiento, sino una política capaz de construir proyectos colectivos y nuevos horizontes compartidos. La amnistía habrá cumplido plenamente su función si nos permite abrir estos nueva etapa. Una etapa en que la política recupere el lugar que nunca debió perder, en que Catalunya vuelva a mirar adelante, porque los pueblos solo escriben y pueden decidir su futuro si dejan de ser rehenes de su pasado.
Una democracia que confíe en la política, por Isaac Albert i Agut
Hay quien querría que siguiera hablando eternamente del pasado, hay quien querría darlo por liquidado antes de tiempo. Ninguna de las dos actitudes sirve. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea representa un paso importante. No para que resuelva el conflicto...












