El primer cruceLa ley naci� para comprar siete votos. Lo que se ha dicho despu�s es mentiraEl Tribunal de Justicia de la Uni�n EuropeaEFEActualizado S�bado,
julio
00:05Audio generado con IAResulta llamativo que quienes denuncian a diario la judicializaci�n de la pol�tica sean los primeros en considerar que una sentencia agota cualquier discusi�n. Sostienen dos tesis dif�ciles de conciliar. La primera, que los jueces invaden indebidamente el terreno pol�tico. La segunda, que una vez que un tribunal habla no hay nada que discutir. Como si el fallo invalidara el juicio moral. Naturalmente, esta s�bita fe en el poder redentor de las sentencias solo aparece cuando el fallo les da la raz�n. El TJUE ha sentenciado que el Derecho de la Uni�n no impide a un estado aprobar una amnist�a para favorecer la reconciliaci�n pol�tica. Rechaza que la norma espa�ola vulnere la directiva contra el terrorismo o las reglas de protecci�n de los fondos UE y deja en manos de los tribunales espa�oles la aplicaci�n concreta de la ley a cada caso.Era esperable que el TJUE diera por bueno el presupuesto sobre el que descansa la argumentaci�n moral de la amnist�a: que naci� para favorecer la reconciliaci�n en Catalu�a. Ese presupuesto no es una conclusi�n alcanzada por el tribunal tras examinar la realidad pol�tica espa�ola, sino la finalidad declarada por el legislador en el pre�mbulo de la ley y que el TC asumi�, aun cuando toda evidencia racional apuntaba en sentido contrario.No voy a detenerme en los argumentos jur�dicos. Me limitar� a recordar que exist�an razones de peso para sostener la inconstitucionalidad de la ley: la Constituci�n proh�be expresamente los indultos generales y muchos juristas entienden —siguiendo la doctrina a minore ad maius— que, si se proh�be lo menos, queda prohibido lo m�s. A ello se suma que el constituyente rechaz� hasta en dos ocasiones incorporar la amnist�a al texto constitucional. Pero aunque la Constituci�n hubiera autorizado de forma inequ�voca las amnist�as, seguir�a existiendo un problema importante: el de una ley arbitraria, impulsada por una motivaci�n espuria y revestida de una justificaci�n solemne e inveros�mil.La dificultad para creer en el relato de la reconciliaci�n tiene una explicaci�n sencilla. Hasta la noche electoral del 23 de julio de 2023, Pedro S�nchez y varios de sus ministros insistieron en que la amnist�a no ten�a cabida en nuestro ordenamiento jur�dico. S�lo empez� a ser un instrumento imprescindible de convivencia cuando se convirti� en un instrumento imprescindible para comprar los votos de Junts. Es la cronolog�a de los hechos la que revela n�tidamente la motivaci�n de la ley. Por eso el entusiasmo con que algunos han recibido el aval del TJUE me produce una sensaci�n extra�a. Es como si quienes advertimos que un edificio est� levantado sobre unos cimientos defectuosos recibi�ramos como respuesta que el Ayuntamiento concedi� la licencia de obras. Nadie discute la licencia. Lo que discutimos son los cimientos. La justificaci�n moral de la amnist�a descansa sobre la ficci�n del �nimo reconciliador que oculta una transacci�n pol�tica innoble.La ley de amnist�a naci� para comprar siete votos. Y todo lo que se ha dicho despu�s, sobre el origen y los efectos, es mentira: falsificaron el motivo y ahora falsifican el balance. Por eso, que se confirme la constitucionalidad de la ley o su encaje en el derecho comunitario no disuelve el pecado original. Las sentencias pueden cerrar un litigio; no redimen una indecencia moral.












