El PSOE de S�nchez, v�a Cerd�n, pact� con Bildu para extender su trama corrupta por toda Espa�a.Ahora que toda Espa�a se alegra de contar con una generaci�n de futbolistas j�venes capaces de un sacrificio colectivo para llegar a lo m�s alto, no deber�amos dejar que pasen al olvido otra generaci�n de j�venes espa�oles que se jugaron lo m�s preciado, la vida, por defender lo m�s valioso que tenemos como sociedad: la libertad. Hace ya 29 a�os, cientos de miles de j�venes de toda condici�n se lanzaron a las calles para exigir a los asesinos de ETA que no cumplieran la salvaje amenaza de matar a un joven de 29 a�os llamado Miguel �ngel Blanco, concejal del PP en la localidad vizca�na de Ermua, al que hab�an secuestrado para poner al Gobierno, entonces dirigido por Jos� Mar�a Aznar, ante una tesitura imposible de resolver. A ese movimiento civil espont�neo en repulsa de la barbarie terrorista se le llam� el esp�ritu de Ermua y su s�mbolo m�s visible fueron las manos pintadas de blanco que aquellos j�venes levantaban al cielo en contra de los terroristas sanguinarios. 29 a�os despu�s, el oportun�simo documental elaborado por Jon Sistiaga y Juanjo L�pez sobre las terribles 48 horas que causaron un enorme dolor en la sociedad espa�ola cuando las alima�as de ETA ejecutaron el cobarde asesinato por la espalda de Miguel �ngel, pero tambi�n dejaron una huella profunda que fue el germen de la derrota social y policial de la banda terrorista, vuelve a traer a la memoria todo lo sucedido aquellos d�as, lo que hicieron y lo que no algunos que hoy dan lecciones de decencia democr�tica desde la tribuna del Congreso -como la infame portavoz de Bildu, en aquellos d�as afanada en la inmunda tarea de se�alar posibles v�ctimas en las p�ginas de un vomitivo panfleto-. Debe llevarnos a reflexionar qu� hemos hecho como sociedad desde entonces para honrar la memoria de Miguel �ngel y de las otras 828 v�ctimas de la sinraz�n excluyente del separatismo vasco -militares, polic�as, guardias civiles, pol�ticos, periodistas, personas an�nimas y cientos de ni�os-, para que las nuevas generaciones conozcan lo que fue aquello y no permitan que vuelva a ocurrir. Y para evitar que los herederos de la banda, muchos de los cuales son hijos de aquellos que colaboran con los terroristas d�ndoles informaci�n para sus atentados o escondi�ndoles en sus casas, acaben aprovech�ndose de la generosidad de la democracia para imponer una suerte de amnesia colectiva a la sociedad vasca y al resto de Espa�a. En 'Buenos D�as' de Onda Madrid cont� Jaime Mayor Oreja, el ministro del Interior entonces, quien debi� mirar a la cara a los padres y la hermana de Miguel �ngel sabiendo que no pod�a evitar el macabro asesinato que los terroristas iban a llevar a cabo aunque el Gobierno hubiese satisfecho sus exigencias -entre otras cosas porque el comando que lo ten�a secuestrado se mantuvo incomunicado a prop�sito-, que algunos de sus nietos no sab�an qui�n fue aquel concejal vilmente ejecutado por haberse atrevido a defender libremente sus ideas en el Pa�s Vasco. Como tambi�n lo fueron una decena de socialistas cuya memoria ha sido traicionada por quienes ahora dirigen el PSOE. Por eso es tan abyecto su pacto a�n secreto con Bildu para llegar al poder, pese a haberlo negado hasta cinco veces el propio S�nchez, entreg�ndoles a cambio la Alcald�a de Pamplona. Y que pretendan dar apariencia de normalidad democr�tica a lo que s�lo es puro inter�s partidista, ensuciando de paso la conciencia y las manos que una vez fueron blancas de quienes honestamente creen que sus l�deres lo hicieron de buena fe, y no porque buscasen la complicidad de los filoetarras para extender al conjunto de Espa�a la trama delictiva que hab�an tejido Santos Cerd�n y Leire D�ez en Navarra.