Sala VORLamine y Pedri, tras el triunfo de Espa�a sobre Portugal.EFEActualizado Martes,
julio
22:34Los futbolistas de la selecci�n son muy j�venes y les falta contexto. Mejor. As� llegan a un Mundial sin traumas ni complejos, convencidos de que se lo pueden llevar porque, al fin y al cabo, han crecido viendo ganar y ellos mismos ya lo han hecho. Por eso no entienden, como han repetido con m�s extra�eza que mosqueo, la negatividad general en cuanto no golean. Son generaci�n Iniesta, pero los medios de comunicaci�n a�n los copamos los hijos de Tassotti, Stojkovic, Al-Ghandour y, ahora que acecha B�lgica, el penalti de Eloy.Vivimos temiendo que el cielo se derrumbe sobre nuestras cabezas y no podemos evitar que el an�lisis de cada triunfo comience explicando c�mo nos derrotar� el siguiente rival. Son nuestras costumbres y hay que respetarlas. Creemos que no esperar nada alivia la inevitable hostia pese a que la experiencia demuestra que eso es mentira: a�n sangramos con Luis Enrique.Por eso, con Espa�a ya en cuartos, seguimos centrados en los defectos de una supermodelo, que si tiene la frente grande o los ojos juntos. Esas cosas. Podr�a escribir de c�mo Unai Sim�n ha silenciado el ruido con la porter�a y Laporte, los rebuznos sobre su implicaci�n. Pedir que alguien revise el DNI de Cubars� porque ese aplomo es antinatural con 19 a�os... y con 35 (miren a Neymar). Se�alar que Rodri cada partido se parece m�s a Rodri y que el rendimiento de Olmo y Baena exige alguna explicaci�n al uso de ellos que se ha hecho en sus clubes. Aplaudir que siempre haya un Oyarzabal o un Merino para salvar la noche. Celebrar que el glow up de Ferran Torres, convertido en sex symbol mundial, llegue acompa�ado de un compromiso impecable y, al fin, con premio.Podr�a escribir de todo eso, pero no me sale y s� que no estoy solo. Lo que quiero decir es que Pedri tal vez sea una prenda de ropa que s�lo luce en la temporada oto�o/invierno, que un Lamine al 70% no basta en el Mundial de las estrellas, que sin Nico no hay aventura, que d�nde pretendemos llegar si nadie da a Luis de la Fuente ropa de su talla.No es cr�tica, es superstici�n. Necesito gritar que todo va a acabar fatal porque empiezo a creer que de verdad podemos ser felices. Y eso da miedo. Un miedo precioso.













