Con medio país futbolístico discutiendo sobre la suplencia de Pedri y el otro medio directamente pensando que era un error sentar al canario, va y marca Fabián Ruiz, su sustituto. Con medio país aguantando la respiración y el otro medio pensando que se habían perdonado muchas oportunidades, va y sale Mikel Merino y a la primera que toca emboca con su segundo chupinazo de la semana cuando solo llevaba 115 segundos en el campo. Este partido hace cuarenta años, en México 1986 por ejemplo, España lo hubiera perdido o, mejor dicho, lo habría empatado y habría caído en los penaltis, como así ocurrió ante la propia Bélgica. Este encuentro antes de que España luciera una estrella en su pecho habría significado el adiós en cuartos de final, en esos malditos cuartos de final que fueron la cruz de muchas hornadas de internacionales españoles. Pero esa era una España perdedora, y la actual es una España ganadora.Una España de herederos de la generación de oro comandados por De la Fuente. No hay miedo para Cubarsí, que quería meter un gol como el de Puyol ante Alemania en el 2010 y no lo logró contra Bélgica pero que sí que provocó el 2-1 con su chut lejanísimo. No hay miedo para Unai Simón, que solo ha encajado un gol y que perdió su imbatibilidad tras 650 minutos. No hay miedo para Lamine Yamal, que aún persigue su mejor partido en este Mundial pero al que todos buscan constantemente para que resuelva, hasta el punto que sin marcar se llevó otro premio de mejor jugador del encuentro. Y no hay miedo para Pedri, Olmo o Rodri, que tuvieron como inspiradores a Xavi, Iniesta o Busquets. Estos últimos ganaron Mundial y Eurocopa y los de ahora ya tienen una Eurocopa y una Nations. Les falta la estrella y van a por ella.No existe el miedo para Cubarsí, para Lamine Yamal, para Rodri o para Unai SimónPorque esta selección de ganadores sumó frente a Bélgica su partido número 36 (27 victorias y 9 empates) sin perder y establece así su mejor racha histórica. El récord mundial lo tiene Italia, con 37. Si España llega a la final y no la pierde se hará con otro registro.Para ello deberán superar primero a Francia, el próximo martes, 14 de julio, fiesta nacional francesa. Pero los de Didier Deschamps saben que si alguien no le tiene miedo es el conjunto español, que ya le batió tanto en las semifinales de la última Eurocopa como en las semifinales de la última Nations League. España no tiene a Mbappé, ni a Messi ni a Haaland. Pero España dispone de un equipo conjuntado, unido y convencido, lo más parecido a un club trasladado al panorama internacional. Manda Lamine Yamal con su brillo pero es un equipo más mancomunado, donde los suplentes no ponen malas caras y entran como auténticos revulsivos al campo.Una España vehemente que lo intenta hasta el final y que acaba imponiendo su peso. Los grandes equipos de los Mundiales son los que se mueven con tino dentro de una noria, los que tienen la última palabra cuando la moneda está a punto de caer de un lado o del otro y los que se casan con la fortuna, en este caso en forma de lesiones de los rivales. Como el portugués Nuno Mendes o el belga Courtois.España cantó victoria al límite tanto contra Portugal como frente a Bélgica. Triunfos que en su día podrían haber firmado las ahora venidas a menos Brasil, Alemania o Italia. Históricas de este torneo en el que España ha vuelto a unas semifinales dieciséis años después. Entonces, en Durban (Sudáfrica), esperaba Alemania. Ahora, en Dallas, aguarda Francia. Nadie dice miedo. Al contrario.
España cambia su historia
La selección suma ya 36 partidos sin perder, su mejor racha de siempre, y se cita con una Francia a la que ha ganado dos veces seguidas












