España ya ha estado aquí, en los cuartos de un Mundial, un lugar en el que ha recolectado una formidable colección de frustraciones, siempre atribuidas a factores más o menos externos, desde el mal absoluto del fascismo hasta la presunta lotería de los penaltis. España ya ha estado aquí, pero casi nunca ha sido como esta vez, esta noche contra Bélgica en Los Ángeles (21.00, La1 y Dazn). La selección de Luis de la Fuente acumula una montaña de certezas desacostumbrada en aquel pasado temeroso de décadas, cuando este instante del torneo disparaba de manera automática el adagio de “la maldición de los cuartos”. El almacén guardaba suficientes disgustos para sostener ese tono victimista, muy lejos del carácter y la autoridad de la selección de hoy.Hasta que atrapó la estrella en 2010 en Sudáfrica, la Roja había pisado cuatro veces los cuartos. La primera fue en Italia, en 1934, contra el anfitrión, a quien Benito Mussolini había encomendado la misión de ganar el torneo, clave para su empeño propagandístico. El encuentro terminó 1-1 y con siete futbolistas españoles lesionados. El legendario Ricardo Zamora, el portero de una selección extraordinaria, se fue con dos costillas rotas. Al día siguiente se jugó un desempate sin los caídos en el que se impuso Italia (1-0). Los árbitros anularon dos goles a España. El colegiado del primer partido, el belga Baert, fue inhabilitado por su federación. El del segundo, el suizo Mercet, fue expulsado de por vida por la FIFA.En 1986, después de jugar mejor y dominar el encuentro, la Roja cayó contra Bélgica en unos penaltis en los que Eloy falló su lanzamiento, el único error de la tanda. En 1994, España regresó de EE UU con la imagen de la sangre chorreando de la nariz de Luis Enrique después de un codazo de Tassotti. El futbolista italiano no pudo jugar ni la semifinal ni la final después de que el comité de disciplina usara el vídeo por primera vez y le impusiera una sanción de ocho partidos. En cambio, la FIFA concedió pitar la final al árbitro que no castigó a Tassotti, el húngaro Sándor Puhl.De los cuartos de 2002 también se recuerda un árbitro, Al-Ghandour. El egipcio anuló dos goles legales de España, la prórroga terminó 0-0 y Corea del Sur se impuso en los penaltis. Otra vez.“Me acuerdo de cuando era más joven y veía esa situación”, decía ayer antes el último entrenamiento Borja Iglesias, de 33 años, el más veterano, de los pocos con memoria de entonces en el grupo. “Desde fuera parece que hay una maldición. Luego la realidad es que, analizándolo, hay detalles que a veces caen hacia tu lado y otros no, y tampoco hay tanta distancia, ni tanta diferencia en cómo te preparas para ellos”.España tardó 76 años en enderezar el rumbo que empezó a torcer Mussolini. Fue en 2010, en Sudáfrica, contra Paraguay, en otra noche agónica con un penalti fallado por cada equipo y un gol angustioso de Villa en el 83. Pedro remató al palo, el asturiano recogió el rechace y su disparó pegó en los dos postes antes de entrar y abrir el camino a la semifinal y la final, con su estrella.Esta España de Luis de la Fuente se parece más a la triunfante de Del Bosque que la quejosa de antaño. Después de las dudas del estreno contra Cabo Verde (0-0) la Roja ha ido recuperando su versión más dominante. No hay equipo en el torneo que permita menos al rival, el único que no ha recibido un solo gol. Es el que más desdibuja las virtudes de los contrarios. Estrangula su juego e impone el ritmo de Rodri, que completa con el picante de las bandas.Enfrente, como en 1986, Bélgica, el equipo más vertical del campeonato, el que más pases completa en los últimos metros del campo contrario, 12 por partido, el doble de la media. También la selección que ha conseguido avanzar con el gol más tardío de la historia de los Mundiales. Tielemans marcó el 3-2 contra Senegal en el minuto 125 de los dieciseisavos. Los detalles. “Es muy complicado ganar siempre”, seguía Borja Iglesias. “Es muy importante darle valor y disfrutarlo. Tengo muchas ganas de estos cuartos”. En la frontera del territorio esquivo de las semifinales, allí donde España solo ha pisado una vez, y donde espera Francia.