Ahora sí parece que España ha llegado al Mundial. En los grandes torneos cuesta arrancar y cuesta encontrarse. Inexplicablemente, los primeros días las expectativas muy altas pueden hacer hasta que las piernas pesen un poco más. Todo el mundo tiene mucha prisa en sacar conclusiones a los cinco minutos del pitido inicial. Tras la victoria ante Arabia, la sensación ya es diferente. Con ella España encendió la máquina y es un equipo más reconocible, más suelto y más preparado para todo lo que viene. Es evidente que cuando una selección empieza a funcionar, las grandes estrellas empiezan a brillar.En estos momentos, cuando hablamos de España y de estrella la imagen que se nos viene a todos a la cabeza es la de Lamine Yamal. Y estoy de acuerdo, es uno de esos futbolistas a los que todo el mundo quiere ver, da igual el contexto y el rival. Cuando recibe el balón, siempre pasan cosas. Tiene ese talento que es capaz de cambiar un partido. España tiene muchos argumentos para creer en este mundial, pero reconozcamos que muchas de esas opciones pasan por el estado de forma de jugadores tan diferenciales como él.Sin embargo, a mí me gustaría hablar de otro jugador. De esos que pasan desapercibidos cuando se analiza un partido y que son capitales para que un equipo funcione. Me refiero a Mikel Oyarzabal. Igual ahora es fácil hablar de él porque viene de ser el mejor jugador contra Arabia y los goles y las asistencias le acompañan. Es delantero y siempre se le va a juzgar por los números. A mí lo que más me gusta de él son aspectos que no aparecen en las estadísticas, no son tangibles. Es un futbolista al que siempre se le ve muy comprometido con el equipo, presiona, trabaja, tira muchísimos desmarques para crear ventajas para otros jugadores, siempre ayudando… Es un jugador que entiende que hay muchas formas de aportar en un partido. En el fútbol hay muchos que juegan para destacar, conseguir premios individuales o salir en portadas; y hay otros que trabajan para el equipo y para ganar. Para mí, Oyarzabal es de estos últimos. Quizá esa es la razón de su capitanía en la Real Sociedad y de ser, en mi opinión, uno de los líderes de esta selección. El brazalete no siempre lo lleva el que sale en más titulares de prensa, sino el que representa el espíritu del equipo y el que más hace por él. Él es lo que vemos en el campo. Sabiendo que estamos en una época donde se analiza al instante, en la que cada acción puede conllevar que se haga viral, en la que un detalle o un momento te puede cambiar la vida… Es muy valioso que siga habiendo futbolistas que se comportan con naturalidad, humildes, trabajadores, que juegan no para lo que digan los titulares, sino para el equipo… Es un atributo que no es sencillo.Esos detalles, ese compromiso, pueden hacer que el equipo funcione mejor, porque él sabe perfectamente lo que necesitan lo suyos en cada momento. Es el primero que se sacrifica, presiona o anima al compañero. Y, a todo esto, le suma el gol. Es verdad que para ganar torneos se necesita talento y, obviamente, Oyarzabal, aunque no sea jugador de portadas, también lo posee.