La hidratación es importante. Con temperaturas como las que vemos cada vez más a menudo en gran parte del mundo, la sudoración puede ser la única forma que tiene nuestro cuerpo de refrescarse, y la sed no siempre es el mejor indicador de cuánta agua hemos perdido o necesitamos. Las consecuencias de no estar suficientemente hidratado cuando las temperaturas se acercan a los 40 grados pueden ser graves y pueden aparecer mucho más rápido de lo que la mayoría de la gente cree. La buena noticia es que, para la mayor parte de las personas, basta con acordarse de beber mucha agua a intervalos regulares a lo largo del día para evitar lo peor. Pero si quieres entender por qué la deshidratación es tan peligrosa, si realmente necesitas electrolitos adicionales o si una taza de té realmente puede refrescarte, sigue leyendo.

Para empezar, conviene entender que nuestro cuerpo produce calor —y, por lo tanto, pierde agua— todo el tiempo. “Todas las células de nuestro cuerpo consumen constantemente combustible para obtener energía destinada a diversos procesos, ya sea el movimiento o simplemente el hecho de seguir con vida”, afirma el Dr. Lewis James, profesor de Ciencias del Deporte, el Ejercicio y la Salud en la Universidad de Loughborough. “Entre el 75% y el 80% de la energía que consumimos se manifiesta en forma de calor”. Si no tuviéramos ninguna forma de disipar este calor, incluso estando tumbados en el sofá la temperatura corporal aumentaría unos 1,3°C en una sola hora (lo que ya es suficiente para que se note claramente que se tiene fiebre), pero, por supuesto, sí que la tenemos.