Moreno Bonilla no está contento, casi dice que está arrepentido de haber pactado con Vox. En su lamento incluso ha dejado correr una lagrimita, esa que tiene reciclable que lo mismo vale para los cribados de mama, Adamuz, Grazalema o Doñana. Pero ya no parece creíble, sus socios de gobierno quizá lo hagan llorar de verdad más adelante, de momento, ya ríen de alegría.
Sus mayores de Madrid le van a echar una mano por su servil comportamiento; de inmediato, Miguel Tellado, el dicharachero portavoz popular —pronto lo seguirá el sobresaliente estival, Elias Bendodo—, ya ha calificado a la extrema derecha como de centro derecha, porque Omo lava más blanco, una apelación tan falsa como fraternal. En realidad, Tellado llama centroderecha a Vox mientras encuentra una clasificación para ellos mismos. Quizá inclasificables e incalificables.













